«Timoteo», la ópera prima de Osvaldo Ortiz Faiman, llega este jueves a las salas con tres abuelas, un loro muerto y una mentira piadosa que termina en el Vaticano. Detrás del absurdo hay una apuesta siempre interesante del cine nacional: poner en pantalla el castellano paraguayo, la comisión vecinal y el chisme de vereda sin traducirlos para nadie.
El punto de partida cabe en una línea: el perro de Doña Porota mata sin querer al loro de su amiga Chiquita, y ella junto a Doña Nena deciden ocultarlo para evitarle el dolor. Lo que sigue es la mecánica que cualquier paraguayo reconoce sin necesidad de explicación. El rumor crece, se deforma, adquiere vida propia y termina convirtiendo al loro en una figura venerada mucho más allá del barrio, en medio de una disputa por la presidencia de la comisión vecinal.
El director explicó a Última Hora que la historia partió de un hecho real. «Paraguay nos da una realidad que supera a la ficción, entonces cuando hacemos ficción parece realidad», señaló, y describió el procedimiento con precisión: tomaron esa situación mínima y después hicieron lo que hace cualquier buen chisme de barrio, exagerarlo hasta que llegó al Vaticano. El efecto buscado es que el espectador piense que se trata de una locura y cinco minutos más tarde admita que en su barrio podría pasar.
La elección del loro tampoco fue casual. «El loro es parte de muchas familias paraguayas y tiene algo muy nuestro: habla, repite, escucha todo y después cuenta. Básicamente es un vecino paraguayo con plumas», definió Ortiz Faiman al mismo medio. Sobre la jaula del animal construyó además la metáfora que atraviesa la película: todos vivimos encerrados en alguna, sea el miedo, la rutina, la soledad o los prejuicios, y en algún momento hace falta animarse a salir.
Lo más interesante de la propuesta está en quiénes ocupan el centro. Amada Gómez, Katty Pacuá y Olga Vallejos protagonizan una historia donde tres mujeres mayores no cumplen función decorativa. «Estas mujeres aman, mienten, se equivocan, se enamoran, compiten, tienen miedo, hacen macanadas y después tratan de arreglarlas. O sea, están vivas», explicó el director, que descartó desde el guion la imagen de la abuela sentada esperando que los demás tengan una historia.
Ese detalle señala un vacío del cine y la televisión nacionales. Amada Gómez, en declaraciones a ABC tras la función para prensa, dijo estar feliz porque están escribiendo para personas como ella. La actriz, cuya única película de juventud había sido «Cerro Corá», agradeció que todavía la convoquen para actuar. Su comentario deja al descubierto cuántos años una generación entera de intérpretes paraguayos estuvo sin papeles a la altura de su oficio.
El aspecto que más define la identidad del film es el idioma. «Ese castellano nuestro mezclado maravillosamente con el guaraní, el nomás, el piko, el na, el ndera, no podía convertirse en un español neutro porque los personajes se morían ahí mismo», sostuvo el director. La decisión implica renunciar a la comodidad del mercado regional, donde el español neutro facilita la distribución. Es una apuesta de identidad con costo comercial, y de las pocas maneras reales que tiene un cine pequeño de decir algo que no puede decir ningún otro.
Un país que no se ve a sí mismo en pantalla termina reconociéndose únicamente en las historias que le llegan de afuera. Cuando el cine muestra la vereda, la despensa, la comisión vecinal, la radio del barrio y la señora que sabe algo antes que la persona a la que le pasó, construye una forma de pertenencia que ninguna campaña institucional consigue. Ortiz Faiman lo resumió sin rodeos: querían hacer una película que no pidiera disculpas por ser paraguaya.
«Timoteo», producida por Puatarará Films y coproducida por Aleph Cine, dura 107 minutos, es apta para todo público y cuenta con el apoyo de Ibermedia, la DINAPI, la Secretaría Nacional de Cultura y el FONDEC. Marca el regreso de la comedia a los estrenos nacionales después de mucho tiempo. Participan además Óscar Acosta, Menchi Barriocanal y Rubén Rodríguez, cuyas voces y rostros funcionan dentro de la trama como parte del mecanismo mediático que amplifica el rumor.
El director hizo un pedido concreto: verla en sala. La película no irá a streaming, y su argumento es que la risa se contagia y que escuchar a cien personas reírse juntas de algo que reconocen como propio cambia la experiencia por completo. Pero el planteo de fondo va dirigido a la industria: «Cada entrada para una película paraguaya es también un voto. Le está diciendo a los exhibidores, a los productores, a las marcas y a las instituciones: ‘queremos más historias nuestras'». La afirmación describe con exactitud cómo funciona un mercado audiovisual pequeño. Lo que se llene esta semana define lo que se filme el año próximo.



