Se cumplen 94 años de la rendición de las tropas bolivianas que ocupaban el fortín paraguayo de Boquerón, el 29 de septiembre de 1932, la primera gran victoria de Paraguay en la Guerra del Chaco. Mantener viva esa fecha en la memoria del país es una tarea que corresponde a las escuelas, a los medios y a cada familia.
El 29 de septiembre de 1932 se rindió la guarnición boliviana que ocupaba el fortín paraguayo de Boquerón, en pleno Chaco, después de tres semanas de cerco. Las tropas paraguayas estaban al mando del coronel José Félix Estigarribia. Dentro del fortín resistía el coronel Manuel Marzana. Fue el primer triunfo grande de Paraguay en la Guerra del Chaco y significó la recuperación de Boquerón.
Boquerón llegó cuando el país más lo necesitaba. Paraguay enfrentaba a un rival con más población, más recursos y mejor armamento. Todavía cargaba con las secuelas de la Guerra Grande. Los soldados peleaban en un monte sin agua, con un calor que mataba tanto como las balas. Ganaron igual. Esa victoria le dio al Ejército y a la población la certeza de que la guerra se podía ganar.
La guerra se ganó. El cese de fuego llegó el 12 de junio de 1935 y el tratado de paz se firmó en Buenos Aires el 21 de julio de 1938. Ese tratado dejó la mayor parte del Chaco Boreal bajo soberanía paraguaya. Hoy esa región ocupa más de la mitad del territorio nacional. Allí están la ganadería que exporta, las colonias menonitas y el departamento que lleva el nombre de la batalla. Buena parte de lo que Paraguay produce y proyecta en el Chaco existe porque hubo hombres que resistieron la sed y el fuego en 1932.
Cada 29 de septiembre, sin embargo, mucha gente lo vive como un martes de feriado. Se descansa, se hace un asado, se olvida el motivo. Hoy queda un solo excombatiente de la Guerra del Chaco con vida. Lo que sabemos de la guerra depende de lo que se enseñe, se escriba y se cuente en las casas.
La escuela tiene un lugar central. Una clase con nombres, mapas y fechas deja más que un acto protocolar de media hora. Los medios también tienen su parte: pueden publicar cada año una carta, una fotografía, un documento de la época. Las municipalidades pueden cuidar sus placas y monumentos. Las familias pueden buscar en un cajón, porque casi todas tienen un abuelo o un bisabuelo que pasó por el Chaco.
La memoria quedó en manos de quienes vinieron después. Al Estado le toca sostenerla, a las escuelas enseñarla y a los medios difundirla. Boquerón se recuperó hace 94 años y merece ser recordado por lo que costó.



