El senador Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, superó con 47,19 % al presidente Luiz Inácio Lula da Silva (44,97 %) en la primera vuelta de Brasil, un país con desempleo de 5,3 % e inflación controlada, pero también con tasas de interés de 15 % y familias endeudadas en niveles récord. El resultado deja una advertencia para todo oficialismo cuya macroeconomía no se traduce en el bolsillo ni en el ánimo de la gente, aun cuando lo encabece un líder de la trayectoria de Lula; el balotaje será el 25 de octubre.
Ninguna encuesta lo había anticipado. Datafolha daba a Lula 45 % frente a 42 % de Flávio Bolsonaro, y el escrutinio de este domingo invirtió el orden en una elección que el mandatario, de 80 años, esperaba cerrar sin segunda vuelta. El propio Lula reconoció que el resultado fue inesperado y que estaba convencido de ganar en la primera instancia. Su rival, además, mejoró el desempeño de su padre en 2022, cuando Jair Bolsonaro reunió 43,20 % contra 48,43 % de Lula.
Los números macroeconómicos del gobierno son buenos en el papel. El desempleo está en 5,3 %, frente a un promedio cercano al 9 % en 2022, el país tiene 103,5 millones de ocupados y la inflación interanual es de 4,22 %. Esos datos conviven con una tasa básica de interés de 15 %, un déficit fiscal que roza el 10 % del PIB, una deuda bruta de 82,5 % del producto y familias que destinan cerca de un tercio de su salario a pagar deudas, un nivel récord. El votante mide su situación por la cuota del crédito y el precio en el supermercado, y en esa escala el balance del oficialismo resultó mucho menos favorable que en las planillas del Banco Central.
El castigo se ve en las urnas. Lula perdió casi 3,5 millones de votos respecto de 2022 y se quedó en 53,8 millones, mientras la abstención llegó a 21,08 % (33,5 millones de electores), una de las más altas de los últimos procesos. La derecha, que hace cuatro años se presentó fragmentada, se ordenó detrás de Flávio con un llamado al voto útil que fue vaciando a los candidatos conservadores rivales. El Partido Liberal será la primera fuerza del Senado, con 28 de las 81 bancas, y eligió cinco gobernadores en primera vuelta contra tres del Partido de los Trabajadores. En Minas Gerais, el estado que históricamente acompaña al ganador de la presidencia, Flávio obtuvo 48,2 % frente a 43,3 % de Lula.
Lo más inquietante para quienes defienden las instituciones es que el historial del bolsonarismo no alcanzó para frenar este avance. Jair Bolsonaro cumple una condena de 27 años de prisión por la trama golpista que siguió a su derrota de 2022, y su manejo de la pandemia fue ampliamente cuestionado. Lula planteó la votación como una elección entre democracia y barbarie y apuntó contra el pasado de la familia, pero ese argumento no le bastó para ganar de manera anticipada. Flávio centró su campaña en la inseguridad y la presión fiscal, reclamos reales para buena parte del electorado, y en la crisis de la Corte Suprema, donde varios jueces quedaron salpicados por un escándalo de corrupción y a cuyo juez Alexandre de Moraes vinculó con el presidente. La ultraderecha crece porque ofrece una respuesta, por simplista que sea, a problemas cotidianos que el gobierno no supo resolver, y quienes la enfrentan con advertencias sobre el pasado compiten con una desventaja cuando el elector evalúa el presente.
Lula es un dirigente de trayectoria extensa, un presidente democrático que sacó a millones de brasileños de la pobreza y contribuyó a consolidar a su país como potencia económica de la región, y aun así buena parte del electorado le dio la espalda. Si eso le ocurre a un líder de su carisma y su historial, ningún oficialismo puede darse por seguro. La advertencia alcanza a los gobiernos de la región que hoy exhiben cifras macroeconómicas celebradas por los organismos internacionales: mientras esos resultados no se traduzcan en el bolsillo y en el ánimo cotidiano de la gente, pesan poco a la hora de votar. Los partidos de gobierno que descansan en los indicadores corren el riesgo de descubrirlo cuando ya es tarde.
El balotaje se realizará el 25 de octubre. La diferencia entre ambos candidatos en la primera vuelta fue de 2,2 puntos, y los sondeos previos a la votación ya proyectaban un empate técnico para esa instancia.



