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lunes, marzo 16, 2026

Análisis económico o propaganda política: el error de cálculo de Victor Raúl Benítez

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Víctor Raúl Benítez González, el analista económico paraguayo célebre por acuñar el término “gobierno de la heladera vacía” en sus críticas al presidente Peña, ahora enfrenta dudas sobre su credibilidad tras errar en su pronóstico de un dólar a 8.000 guaraníes, lo que plantea interrogantes sobre la fiabilidad predictiva de la economía como disciplina.

 

En el volátil mundo de la economía paraguaya, donde las fluctuaciones del dólar pueden marcar la diferencia entre estabilidad y crisis, las predicciones de expertos a menudo sirven como brújula para inversores, políticos y ciudadanos comunes. Sin embargo, cuando estas proyecciones fallan estrepitosamente, surge una pregunta inevitable: ¿es la economía una ciencia con límites inherentes en su capacidad predictiva, o se trata de un tropiezo individual de quien la interpreta?

Este debate cobra relevancia ante el reciente desliz del economista Víctor Raúl Benítez González, una figura conocida en los círculos mediáticos por su análisis incisivo y su popularización del eslogan “gobierno de la heladera vacía”, con el que ha criticado duramente la gestión económica del presidente Santiago Peña. Benítez, analista habitual en programas como “Marcando Pautas”, no escatima en metáforas para describir lo que percibe como una administración marcada por la escasez y la ineficiencia. Pero su última predicción sobre el tipo de cambio del dólar al cierre de 2025 ha quedado en entredicho, exponiendo las grietas en el arte de prever el futuro económico.

Benítez había publicado en su cuenta de X un pronóstico audaz: el dólar cerraría el año entre 8.000 y 8.200 guaraníes, acompañado de un enfático “NO HAY PLATA” y referencias a un “modo Operativo Pan Dulce”, aludiendo a una supuesta precariedad festiva en el tránsito y la economía. La predicción, enmarcada en una entrevista televisiva, pintaba un panorama de devaluación inminente, atribuida a factores como la inflación regional y la dependencia de commodities.

Sin embargo, la realidad del mercado ha contado una historia distinta. Según cotizaciones actualizadas de casas de cambio en Asunción y Ciudad del Este, el dólar se negocia hoy en torno a los 6.000 guaraníes para la compra y 6.700 para la venta –cifras que distan considerablemente de las alarmantes proyecciones de Benítez. El peso argentino y el real brasileño también muestran estabilidad relativa, con tasas de 4 a 4,80 y 1.200 a 1.300 respectivamente, lejos de cualquier colapso inminente. Esta discrepancia no ha pasado desapercibida: una cuenta parodia del presidente Peña en X felicitó irónicamente a Benítez por su “poco tino profético”, destacando cómo tales errores pueden, paradójicamente, resaltar la resiliencia del país.

La ironía radica en que Benítez, quien ha construido su reputación criticando la opacidad gubernamental, ahora enfrenta escrutinio por una predicción que parece más un acto de fe que un análisis riguroso. ¿Fue un cálculo erróneo influido por sesgos políticos, o evidencia de que la economía, con sus variables impredecibles como shocks geopolíticos y comportamientos de mercado, escapa a cualquier modelo predictivo infalible? Economistas como John Maynard Keynes advertían que “el mercado puede permanecer irracional más tiempo del que uno puede permanecer solvente”, recordándonos que incluso las mentes más brillantes tropiezan con la incertidumbre, ni hablar de figuras que transitan la medianía.

En Paraguay, donde el dólar blue y las remesas juegan roles cruciales, pronósticos fallidos no son novedad. Recordemos las proyecciones optimistas previas a la pandemia o las alertas de hiperinflación que nunca se materializaron. Pero el caso de Benítez invita a una reflexión más profunda: si la economía aspira a ser una ciencia, ¿por qué sus predicciones a menudo parecen apuestas en un casino? O, alternativamente, ¿es este economista en particular quien, cegado por su narrativa del “gobierno de la heladera vacía”, subestima la resiliencia del sistema?

Benítez no ha respondido públicamente a las críticas, pero su silencio podría interpretarse como una admisión tácita. Mientras tanto, el dólar sigue su curso estable, recordándonos que en economía, como en la vida, la humildad ante lo impredecible es quizá la mejor herramienta predictiva. Queda por ver si este episodio erosionará su credibilidad o, paradójicamente, la fortalecerá al humanizar a un experto en un campo donde nadie es infalible.

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