Paranaländer se entera de Historia de la raza guaraní obra del concepcionero Cándido Núñez vía corresponsal berlinés.
La última publicación de Paranaländer sobre Candido Nuñez le toma al Frenchute von Paraguai en la mismísima Berlín, a donde llegó buscando el arrullo de la yiyi-ojos-de-gatita que lo dejó plantado. En ese momento, onda-depre-total porque esta lo dejó plantado, leyó la columna de su parcero y se puso a rumiar el tema
Recuerdo que Efraim Cardozo cita en alguna bibliografía, un libro de Nuñez, que hasta entonces se me escapó como a buena parte de la guaranología. Como en Berlín dispongo de una de los mejores fondos bibliográficos sobre Latinoamérica en la Bibliothek des Ibero-Amerikanischen Instituts Preußischer Kulturbesitz, decidí ir a bichear a ver que recursos bibliográficos le ayudan a pasar el vy’a’ỹ.
Ni bien llegué a la biblioteca cuya entrada enarbola el nombre de Simón Bolivar, en un anexo de la Staatsbibliothek zu Berlin, pensé que no tardaría a ver esos póras de la película Der Himmel über Berlin y me sentí un poco Bruno Ganz, pero el acento colombiano del man que me recibió en la biblioteca, y me hizo un carnet, me volvió a mi misión inicial: Dar con el libro de Cándido Nuñez. La eficacia alemana con la buena onda del colombiano me permitió ponerme a hojear el libro en menos de quince minutos después de mi llegada.
Titulado «Historia de la raza guarani: su antepasado hasta la actualidad», el libro fue editado en 1946 en Concepción (aunque la versión berlinesa parece ser una de 1950). El dato es interesante, ya que sabemos el papel que jugaría la ciudad de Concepción durante la revolución de 1947. Hojeando rápidamente la obra podemos darnos cuenta que el autor es un folclorista amateur más que antropólogo. Es un comerciante que aprovecha sus exploraciones de los yerbales para dar materia a sus veleidades folcloristas. Es un Cadogan a la inversa ya que recordemos que, para este último, fueron sus fracasos comerciales que lo empujaron a convertirse en antropólogo. Ya en el subtítulo del libro encontramos una imprecisión de términos ¿«antepasado» por «pasado»?
Sin embargo, esta clase de antropologo cha’ē son finalmente los más interesantes puesto que es más fácil diferenciar entre lo que fue elaborado para la teoría y lo que es observación.
Entre los temas del libro de Nuñez, en el capitulo III podemos leer una vez más, la insólita teoría de la Atlántida. Apara abonar esas disparatadas ideas el antropólogo cha’ē concepcionero dice: «La Atlántida fue la continuación de la América. Para demostrar la verdad ocurrida en la época precolombiana existen indicios que en América ha habido en todas las comarcas una civilización muy avanzada que nadie desconoce, primero los Incas, luego los Aztecas y después los Guaranies.» Más adelante, podemos leer: «Aunque tardío (sic.) estos estudios se hicieron en base a descubrimientos arqueologicos hallados en ciertas zonas del Amambay donde se han encontrado grabados hechos en las parades de varios cerros, y signos geroglificos como los Cerro Quyse, Ytá Yboty y otros que son diénticos a los gerogliticos (sic.) de los egipcios» (pagina 15).
El capítulo IV del libro comienza citando a Guillermo Tell Bertoni, al profesor Pablo Alborno y a Narciso R. Colmán. Sin embargo, luego este libro de Cándido Nuñez, aporta lo bueno que tiene: las observaciones de una persona simple sobre los guaraníes que cruzó en sus expediciones comerciales de yerbatero. Dice por ejemplo: «Allí hacen su ritual homenaje al Dios Sol, al supremo de la naturaleza, al padre de los seres del universo haciendo las invocaciones para que deje de llover frecuentemente que asi vendría la bonanza: estas invocaciones están a cargo del cacique quien luego entona y canta una canción liturgica que es coreada todo ello ante ese altar hecho con madera labrada y rústicamente adornado con plumas de ave, con arcos de distintos tamaños y al son de instrumentos típicos como taboriles de tacuapú (tacuapú- música de tacuara), Imimby (flautín hecho de caña de castilla) algo parecido a una armería que antiguamente se usaba en los cuarteles» (p. 17).
El autor se pierde luego en azarosas comparaciones entre edificios jesuitas y supestas evidencias de civilizaciones perdidas, para luego volver sobre observaciones interesantes. Dice: «Hasta ahora mismo los guaraníes del Mbaracayú cantan sus típicas canciones de añoranzas desgranando poesías con quejumbrosa voz y entonando estos versos compuestos en guarani:
«Jha urú cuyyú ñe-é asē
«Jha che menará mombyry
«/che jhegui
«Yasy memby tombo-ú
«cherendápe topá tesay
«Topá yajheó toú
«/mborayjhú!
En el mismo capítulo podemos leer una referencia que indica que el autor tuvo información ethnografika similar a la que podemos leer en la obra de Nimuendajú, o que el mismo tuvo acceso a la obra de Nimuendajú. Dice: «Los ancianos guaraníes que viven actualmente en la serranía del Este de los yerbales, conservan aun en su mitología la creencia de «ÑANDERYKE-Y y ÑANDERYUBYSU» pertenecían al mundo «Mbaé-mengua» diluvio universal y que aquella vez que, el «Para-guazú» (mar) se desbordaba y elevaba hacia el cielo.» (p. 21). Como más tarde cita à Nimuendajú traducido por Recalde, podemos suponer que la información viene de esta.
Cuando estoy por el capítulo V, recibo un mensajito de la yiyi-augen-von-Kätzchen que me dejó plantado hace unas horas. M e presenta una excusa bien creíble siempre y cuando uno está familiarizado en los bolonkis en los que siempre se mete. Además, me propone vernos en Potsdamer Platz, en una hora. Estoy al lado, pero no tengo tiempo para la lectura. Me decido a hacer entonces un escaneado vaikue del libro de Nuñez. Le voy a tirar el pdf a Paranaländer para que él escriba el resto de la columna y me voy a ir mba’e a nadar opívo en el spree una vez que estémos bien ka’úres con mi yiyi.



