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martes, julio 21, 2026

Las tesis de un coloradismo nacional y popular de José Duarte

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Paranaländer lee «Diez tesis sobre el partido Colorado» de José Duarte y emborroneó igual número de escolios.

 

El libro “Diez tesis sobre el partido Colorado. Para pensar nuestro futuro nacional y popular” (2026, ediciones De la Paz), de José Fernando Duarte, de entrada me recuerdan tanto a “Fundamentos Doctrinarios del coloradismo” (1959) de Bacon Duarte Prado como al Nuevo Ideario Colorado (1933) de Natalicio González. De hecho estos dos autores conforman un compacto y selecto canon colorado junto a Leandro Prieto Yegros, Luis María Argaña, Ezequiel González Alsina, Hipólito Sánchez Quell, Víctor Morínigo, Ignacio A. Pane, Blas Garay, Juan León Mallorquín y Juan E. O’Leary.

Me será imposible aquí bocetar las 10 tesis en detalle pero intentaré referirme a ellas aunque sea escuetamente.

La tesis 1 define al partido colorado como comunidad política organizada. O mejor, un entramado complejo de servicios, afectos, celebraciones y aprendizaje compartidos. Y esto explica según el autor que el partido Colorado siga siendo el actor social y político mejor organizado del país.

La tesis 2 devela las nociones de nacional y popular que resaltan en el subtítulo del libro. El coloradismo como tercera posición entre la izquierda y la derecha. Ni colectivismo marxista ni individualismo liberal. Ni totalitarismo colectivista ni atomización individualista. Una auténtica epojé de los cuernos lógicos típicamente eurocéntricos. Esto es clave y no debe confundirse con la tercera vía de Giddens que en el fondo resultó en la absorción de uno de los extremos por su opuesto, es decir la socialdemocracia vuelta neoliberal. Como dejó escrito Natalicio González, esta posición se puede reducir a una actualización del Ni Roma ni Moscú. Hoy sería, Ni Foro de São Paulo ni Foro de Madrid. Resumiendo, el partido Colorado construye comunidad política en torno a la Nación.

La tesis 3 trata de refutar la fábula de que el partido Colorado es conservador, autoritario y opuesto a los cambios sociales. Presenta un cuadro donde la modernización tardía paraguaya es obra colorada: aguinaldo, vacaciones pagas, voto femenino, Código del trabajo, organización sindical. Añadiría aquí al estatuto del guaraní, elevado por la Constitución del 67 a lengua nacional.

La tesis 4 presenta una doctrina pragmática antes que dogmática ideológica, es decir fundamentalista. Define una identidad como opuesta al aceleracionismo capitalista en su avatar sudaka que representa el gobierno de Milei en Argentina. No dinamitar el Estado sino construir un Estado moderno a la luz de una interpretación viva del ser nacional.

La tesis 5 no me ha quedado muy claro con su noción de modernización del perfil productivo. Si esto es un ideal para nuestro siglo XXI o ya hay indicios actualmente. Pues dejar de vivir vendiendo commodities y pasar a una industrialización permanente, no es una situación negativa en que está entrampado exclusivamente Paraguay, sino toda América Latina, tal como lo recuerda el científico Michio Kaku en su libro “Hiperespacio”(2007). Y esto sucederá sólo cuando adquiramos una autonomía tecnológica.

La tesis 6 juega con la inversión del título de un libro del filósofo alemán Adorno: “Dialéctica negativa”(1966). Se nos dice que la dialéctica afirmativa es el fundamento ontológico del coloradismo. No hay síntesis final porque la vida del pueblo no se clausura. La fidelidad -a la tradición-, continúa, no es repetición y la novedad no es ruptura. Coloradismo como lo nuevo dentro de lo nuestro.

Concluye el capítulo casi poéticamente: el coloradismo es ser al mismo tiempo memoria y promesa, raíz y aurora, herencia y porvenir.

La tesis 7 polemiza contra la fábula que demoniza al partido Colorado. Es la declaración de guerra cultural al relato histórico que homologa coloradismo con autoritarismo.

La tesis 8 describe la filosofía política del coloradismo. A contramano de las utopías constructivistas, que suponen que la voluntad ilustrada puede crear un mundo a partir de la palabra o la ley, el partido Colorado ha encarnado un realismo político orgánico, una hermenéutica viva del país profundo. No inventa la nación: la interpreta, la traduce, la orienta y la eleva.

Su crítica del individualismo posmoderno capitalista (“cuando se ignora que la persona arraiga en la familia, el individuo queda reducido a máquina deseante y la sociedad a mercado de preferencias efímeras”), me recuerda mucho al novelista franchute Michel Houellebecq. En la novela “Partículas elementales” (1998), se describe una tercera mutación metafísica necesaria para superar el individualismo nihilista del siglo XX. Ese gran mal es simbolizado por uno de los protagonistas, que es abandonado por su madre hippie y termina criado por una abuela campesina. La distopía houellebecquiana del año 2079 surge por ese simple gesto de abdicación de la maternidad tradicional en busca del paraíso moderno de la libertad sexual. Concluye con una idea que entiendo también trabaja el filósofo paraguayo Robert Hellman con el retorno al arandu ka’aty: la modernización colorada no es ruptura con el Paraguay profundo sino tradición en movimiento.

La tesis 9 toca el tema de la política exterior. Es, diríamos, soberanista antes que globalista. Pero nada que ver con la democracia soberana de la Rusia de Putin. También veo un vuelvo en la noción schmittiana de amigo/enemigo, cuando afirma que las relaciones internacionales no son relaciones de amistad ideológica sino relaciones de interés. Los países no tienen amigos permanentes.

La tesis 10 reivindica el Estado-Nación contra toda la larga troupe de anarquistas del pasado, anarcocapitalistas actuales y los imperialistas de Negri.

Tiene un apartado final titulado Conclusión donde graba la consigna de todo este nuevo doctrinario colorado para el siglo XXI: “Nuestra tradición es modernizar”.

Este apego a las paradojas me remitió hasta el escritor falangista catalán Eugenio D’Ors, que dejó también una famosa paradoja que podemos sino hermanar sí acercar a la de Duarte Penayo: “Todo lo que no es tradición, es plagio”. La tradición en el catalán equivalía a la cultura clásica y era condenado como plagio toda imitación vacía, sin alma, de ese clasicismo. Extrapolando, podemos equipar tradición a la noción de popular, nacional, y plagio a la imitación de glamorosas ideologías foráneas de moda.

 

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