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viernes, junio 5, 2026

El 72 % de los paraguayos no hace ejercicio… y en redes nadie se pone de acuerdo sobre por qué

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Un dato difundido por el Ministerio de Salud sobre el sedentarismo en Paraguay abrió un debate en la red social X. Algunos sostienen que el problema es la falta de tiempo en jornadas laborales largas; otros creen que se trata, sobre todo, de una cuestión de voluntad. Entre ambas miradas aparece una discusión más profunda sobre cómo vivimos y cuánto espacio dejamos realmente para mover el cuerpo.

 

Un dato publicado recientemente por el Ministerio de Salud volvió a poner sobre la mesa una realidad que incomoda: en Paraguay, el 72,3 % de la población no realiza actividad física en su tiempo libre.

La cifra fue difundida a partir de la Segunda Encuesta Nacional de Factores de Riesgo de Enfermedades No Transmisibles (ENFR-2022). El estudio también señala que 52,8 % de las personas entre 18 y 65 años presenta comportamientos sedentarios, que solo el 15 % realiza desplazamientos activos —como caminar o usar bicicleta para trasladarse— y que 36,3 % mantiene niveles insuficientes de actividad física, por debajo de los estándares recomendados por la Organización Mundial de la Salud.

Los números, por sí solos, ya son preocupantes. Pero lo que terminó amplificando el tema fue el debate que surgió en redes sociales sobre las razones detrás de ese sedentarismo.

En X, el usuario @JOSEESCAURIZA planteó una hipótesis que muchos reconocen como parte de la realidad cotidiana: el problema sería, en gran medida, la falta de tiempo.

Según su reflexión, en Paraguay el tiempo libre es escaso. Las jornadas laborales suelen ser largas, muchas personas trabajan también los sábados y el margen para dedicar tiempo al ejercicio termina siendo mínimo. Desde esa perspectiva, la inactividad física no sería tanto una elección como una consecuencia del ritmo de vida.

A esa visión respondió @AlexisCubells, vinculado al mundo del fitness, con un enfoque diferente. Para él, la explicación pasa menos por el tiempo disponible y más por las prioridades personales.

Su argumento es que entre las personas que entrenan regularmente muy pocos tienen realmente tiempo libre: trabajan, estudian, tienen familia y múltiples responsabilidades. Sin embargo, logran encontrar un espacio para entrenar. Desde ese punto de vista, la falta de actividad física tendría más relación con la voluntad y los hábitos que con las condiciones laborales.

La conversación continuó con matices. El propio Escauriza reconoció luego que el componente de voluntad también es relevante, aunque insistió en que el fenómeno es más complejo que una simple decisión individual. Cubells, por su parte, añadió otro elemento característico de la vida moderna: la hiperestimulación digital. En un contexto donde plataformas como Netflix, TikTok o redes sociales compiten por la atención, pasar el tiempo libre frente a una pantalla resulta muchas veces más atractivo que hacer ejercicio.

En el debate también apareció otro argumento: el factor económico. Algunos usuarios señalaron que el acceso a gimnasios, equipamiento o espacios adecuados puede influir en que muchas personas no incorporen el ejercicio a su rutina. Sin embargo, otros respondieron con una escena bastante conocida en los barrios paraguayos: los partidos de piki vóley. Allí suele verse una cancha improvisada con apenas unas pocas personas jugando, mientras alrededor se agrupa un número mucho mayor de espectadores. “Gordos panzones sentados frente a su casa con unos cuantos ñoños merendando empanadas”, ironizaba uno de los comentarios más compartidos, para plantear una idea provocadora: muchas veces no se trata de falta de dinero ni de tiempo, sino de cómo se elige usar el tiempo disponible.

El intercambio terminó reflejando un dilema bastante universal. ¿El sedentarismo es principalmente un problema estructural —de tiempo, dinero, trabajo y organización social— o un problema cultural, vinculado a hábitos y decisiones personales?

La evidencia internacional sugiere que la respuesta probablemente esté en algún punto intermedio. Según la Organización Mundial de la Salud, alrededor del 27 % de los adultos en el mundo no cumple con los niveles mínimos de actividad física recomendados, una cifra que en varias regiones de América Latina es aún mayor.

Los estudios suelen señalar una combinación de factores: jornadas laborales extensas, urbanismo poco amigable con el movimiento, transporte dependiente del automóvil, inseguridad en espacios públicos y hábitos digitales cada vez más absorbentes.

En ese contexto, el ejercicio físico termina relegado a un espacio que muchas personas perciben como excepcional: algo que se hace “si sobra tiempo”, en lugar de algo integrado a la vida cotidiana.

Sin embargo, más allá de las explicaciones, hay un punto en el que casi todos los especialistas coinciden: el cuerpo humano está diseñado para moverse. Caminar más, usar escaleras, desplazarse en bicicleta o incorporar rutinas simples de actividad física no solo impacta en la salud física, sino también en la capacidad cognitiva, el manejo del estrés y la calidad de vida.

El dato del 72 % no es solo una estadística sanitaria. También es una invitación a preguntarnos cómo vivimos.

¿Trabajamos demasiado?
¿Nos movemos menos por comodidad?
¿O el entretenimiento digital está ocupando el lugar que antes tenía el movimiento en la vida diaria?

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