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viernes, julio 17, 2026

El fin de un ciclo

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La llegada de Horacio Cartes a Estados Unidos para presenciar la final de la Copa del Mundo clausura algo más que un periodo de restricciones personales. Entierra un ciclo de la política paraguaya en el que la disidencia colorada y buena parte de la oposición renunciaron a construir una mayoría propia y depositaron su proyecto en una expectativa ajena: que una intervención extranjera sacara del juego al dirigente más influyente que tuvo la ANR durante la última década.

 

Sobre esa expectativa se edificó una narrativa completa. Cada sanción fue presentada como una sentencia irreversible, cada dificultad internacional como la antesala de un derrumbe y cada señal proveniente de Washington como sustituto de una victoria que nunca conseguían en las urnas. La política nacional quedó reducida, para esos sectores, a la administración ansiosa de decisiones externas, como si el poder pudiera obtenerse por delegación y la adhesión popular fuese un trámite prescindible.

Esa estrategia revelaba una debilidad más profunda. Cuando faltan liderazgo, organización y arraigo, la ilusión intervencionista ofrece un atajo cómodo, porque permite confundir la presión de una potencia con fuerza propia y presentar como proyecto nacional lo que apenas constituye una esperanza prestada. El desenlace suele ser la impotencia, ya que ninguna decisión exterior fabrica votos, disciplina partidaria, presencia territorial ni confianza social. Una oposición que espera ser auxiliada desde afuera termina contemplando cómo la realidad interna sigue su curso.

Cartes atravesó la adversidad internacional mientras continuaba resolviendo la disputa central en el terreno que define la política democrática: la capacidad de reunir voluntades. Aun bajo la campaña más intensa en su contra, Honor Colorado consolidó su predominio dentro de la ANR, se impuso en las contiendas decisivas y sostuvo la continuidad de su proyecto político. La condena anticipada que algunos anunciaban terminó exhibiendo la incapacidad de quienes confundieron sus deseos con la correlación real de fuerzas.

Su regreso a Estados Unidos adquiere por eso una dimensión que excede el viaje y el acontecimiento deportivo. Es la hora de una reivindicación internacional que llega después de una reivindicación nacional obtenida en las urnas, en la conducción partidaria y en la gravitación que Cartes conserva sobre el rumbo del oficialismo. Quienes apostaron todo a su exclusión externa quedan ahora frente al fracaso de una estrategia que consumió años, discursos y expectativas sin producir una alternativa capaz de disputarle el liderazgo.

El ciclo que termina deja una enseñanza severa para todo el sistema político paraguayo. La política se construye con adhesión genuina, organización, liderazgo y capacidad de interpretar a la sociedad; jamás con la expectativa de que una potencia extranjera resuelva las disputas que aquí no se pueden ganar. Horacio Cartes sobrevivió a la adversidad, derrotó electoralmente a quienes aguardaban su caída y llega a esta instancia con una reivindicación que confirma lo esencial: ningún atajo internacional reemplaza la fuerza que nace dentro de una comunidad política.

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