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viernes, septiembre 11, 2026

Espías, drones y noticias falsas en español: el informe que Anthropic decidió publicar

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Durante ocho meses, el equipo de seguridad de una de las mayores empresas de inteligencia artificial del mundo rastreó a quienes usaban su propio producto para robar, vigilar y fabricar mentiras. Lo que encontró incluye una radio en África, un misil en Yemen y una cadena de medios falsos que escribía para América Latina.

 

El 10 de septiembre, la empresa estadounidense Anthropic publicó el informe más detallado que haya hecho hasta ahora sobre el uso malicioso de su asistente de inteligencia artificial, Claude. El documento reúne casos detectados y desactivados entre diciembre de 2025 y agosto de 2026, repartidos en siete áreas: ciberataques, operaciones de influencia, vigilancia estatal, estafas, biología, desarrollo de armas convencionales y robo de capacidades entre laboratorios de IA.

Los ataques descritos son los de siempre: contraseñas robadas, equipos sin actualizar, correos que engañan al empleado para que entregue su clave. Lo que cambió es quién puede ejecutarlos. Las tareas que antes separaban a un servicio de inteligencia estatal de un aficionado —investigar al blanco, escribir las herramientas, revisar montañas de datos robados— hoy se le encargan a un modelo que trabaja solo, de noche y en paralelo. Anthropic documenta intrusiones completas resueltas en dos o tres horas y operadores individuales manejando decenas de víctimas al mismo tiempo.

El atacante que ya no necesita saber

Un grupo de espionaje ruso que la empresa vincula a Midnight Blizzard atacó a más de veinte organizaciones, concentradas en el gobierno, las fuerzas armadas y el cuerpo diplomático de Ucrania. Comprometió a tres proveedores de WiFi de hoteles para redirigir el tráfico de los huéspedes hacia sus propios servidores y robó más de 300.000 registros de identidad a una autoridad tecnológica del norte de África. Sus programas de IA vigilaban si algún antivirus detectaba el virus que habían instalado y, cuando eso ocurría, lo reescribían y lo volvían a desplegar sin intervención humana, hasta que dejaba de ser detectado.

Un hacktivista francés que trabajaba solo entró a catorce de los cuarenta y dos objetivos que se había fijado —partidos políticos europeos, medios, centros de estudio—, se llevó unos 140.000 registros con las opiniones políticas de los usuarios de una plataforma de campaña y construyó por su cuenta un buscador para exponer los datos personales de militantes de un movimiento político. Una sola persona, con el trabajo de ingeniería tercerizado a una máquina.

La propaganda que habla en español

Cuatro cuentas usaban a Claude como mesa de redacción para medios estatales rusos, entre ellos Sputnik en Español. Un colaborador tomaba material de canales de Telegram militares rusos y lo convertía en artículos en español latinoamericano, que después circulaban por un canal presentado como comentario local espontáneo. La técnica se repite en casi todas las nueve operaciones de influencia documentadas: pedirle al modelo que borre el origen estatal del material y lo haga pasar por varios medios hasta que la afirmación parezca confirmada de manera independiente.

Otra red, rastreada hasta una agencia publicitaria con sede en Francia, levantó unos setenta sitios de noticias inventados —uno de ellos en español, llamado El Pulso Popular— firmados por periodistas que no existen, y publicó al menos 8.913 artículos en cerca de veinte idiomas, reescribiendo la misma noticia en direcciones ideológicas opuestas según quién pagara. El costo de producir una campaña de desinformación creíble, en español, adaptada a un país concreto y firmada por periodistas inexistentes, bajó lo suficiente como para quedar al alcance de una agencia publicitaria mediana.

Vigilancia, misiles y enjambres

Un consultor que trabajaba prácticamente solo construyó para el servicio de inteligencia de Malí una plataforma capaz de monitorear unas 25 millones de líneas telefónicas; a pedido del operador se eliminó del sistema la exigencia de una orden judicial para generar expedientes sobre una persona. Actores vinculados al Estado chino elaboraron fichas sobre cardenales católicos, budistas tibetanos y miembros de una iglesia taiwanesa, y dos unidades iraníes afirmaron haber perfilado a 6.388 personas en un año.

Una célula en el norte de Yemen usó la herramienta de programación de Claude en lugar de ingenieros humanos para desarrollar el software de guía de un cohete y de un misil balístico con un alcance declarado superior a los 2.000 kilómetros. Actores rusos trabajaron en un enjambre de drones kamikaze cuyo programa a bordo podía elegir blancos —incluida una categoría llamada «persona»— y ordenar la detonación sin que ningún humano confirmara la decisión. Un actor chino vinculado a institutos militares cambió a mitad de proyecto el escenario de su simulación de guerra electrónica: doce objetivos en Taiwán, entre ellos un búnker de mando y baterías antiaéreas.

Anthropic afirma haber desactivado todas las operaciones descritas: cerró las cuentas involucradas, construyó detecciones automáticas a partir del comportamiento de cada grupo y compartió los indicadores con autoridades, empresas del sector y víctimas. También endureció los controles contra el robo de capacidades por parte de laboratorios rivales —siete de ellos chinos, incluidos Alibaba, DeepSeek y Moonshot, acusados de extraer masivamente el razonamiento del modelo para entrenar los suyos— y sumó verificación de identidad para las cuentas con señales de abuso. La propia empresa aclara que su capacidad de observación termina cuando el contenido sale de la plataforma: lo que se sabe de estas campañas es lo que alcanzó a ver una compañía dentro de su propio sistema, antes de que el material llegara a las redes, a las radios y a los buscadores.

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