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jueves, junio 11, 2026

El Monstruo, el pescado y el asesino en Kent

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Paranaländer deslee cándidamente el último libro de Christian Kent, una colección de 21 escritos ensayisticos.

 

Con una maravillosa botella de bourbon, regalo de Lucy Yegros, apuré los 21 textos de «Este monstruo delicado» (Arandurã, 2025), último trabajo literario de Christian Kent. Comentaré  3 (el último, conceptualmente muy rico, ha inspirado el título rimbombante de esta columna) de ellos además de hacer un resaltado en una opinión -mencionada en uno de ellos- a todas luces obnubilada y totalitaria.

El primer texto es «La huella de Poe en Alejandro Guanes».

Se postula aquí una influencia mayor de Poe que Darío sobre Guanes por motivos trágicos asociados al pasado bélico parawayensis. También se trae a colación un supuesto proyecto político del novecentismo. Lo ignoro. Se sobrevalora al mediocre (tanto como político como cagatintas) de Gondra, que envío a Barrett a hacer la propaganda de su Paraguay liberal en Europa…Buen chiste no deliberado el de Viriato falando de un nativismo vegetariano. Todos sabemos que el castizo era un estricto vegetariano empujado por sus delirios teosóficos (en boga entonces como hoy cambiar de sexo o donar el corazón a la sanidad pública-otra prueba de que para el Estado solo somos cadáveres), mientras que su seguidor -dubitativo entre el asado y la salvación ultraterrena- padecía con la debilidad de su carne. No me quedó claro si el primer poeta parawayensis traducido al franchute haya sido nuestro Guanes.

El segundo texto que despertó mi curiosidad -por lo demás totalmente ganada por el ambrosíaco bourbon- fue: «Gustavo Riccio, un gringo en San Lorenzo».

El gringo se plaguea contra los mosquitos sanlorenzanos. Revela un prejuicio que ya aparece en las cartas de Nietzsche a su hermana Elizabeth: el calor subtropical ojo, (y no tropical) no favorece el brote del genio. Interesante su visión de un Geist esencial anti moderno paraguayo que lo lleva a idolatrar la ausencia de obras sanitarias y aguas corrientes que reaparecerán en el falagista Gecé (Revelación del Paraguay, 1958) como opción positiva. En cambio, en el viajero checo Friĉ ya ese anti-modernismo es mera nostalgia por un paraíso violado pues en 1910 ya está siendo devastado con un aceleracionismo fatal (Todo lo bello y poético desapareció en apenas 20 años, llora. Por eso prefiere los pueblitos de la campaña aun no inficionados por el virus modernizante). La homologación final -esencia paraguya según Riccio- entre la sonrisa a la mujer con la sonrisa  a la muerte es tremenda. Quiero aprovechar este espacio y transcribir algunas estrofas del poema «Elogio de la mujer paraguaya» del libro «Gringo purajhei» (1928), al parecer aprobado or el gobernó de Federico Chaves pues fue publicado con bombos y platillos en el diario oficialista  La Unión el 16 de agosto de 1953:

«A la pobre bestia de labor/de pies desnudos/simple como el agua/simple y primitiva/cree en supersticiones porque hay en su sangre gotas de sangre india/crédula y medrosa,/le ofrece cigarro al Pompero (sic)/y flores a la Virgen/Amante sin suerte ni historia romántica/Ni un solo suicida por su amor!/Ella sabe solo de largas jornadas desde pequeñita/con un peso enorme sobre la cabeza/camina y camina…/Un día fue madre/¡y lo supo por el Pito-güé!/Ella es madre y padre de sus hijos/Pero ella es tan hembra que bendice la mano que daña/Y por las tortuosas sendas del esfuerzo, va sin rebeldías/como el buey, paciente  de mirada absorta/mordiendo el cigarro que afea su boca».

Si estos son elogios, ¡imagináte si escribiera el ñato una execración!

El tercer texto, como adelanté, me parece el más sustancioso de todos: «Thesaurus en Ñande Ipi Cuéra». Donde Kent defiende la reedición tal cual la tipografía arcaica y hoy desactualizada vindicada por el propio Rosicrán. La claridad no justifica, dice, el manoseo del poema. Deberá conservar su naturaleza monstruosa. Su ahora atemporal. Sus  8 mil versos como flores del campo poético. El poema proteico, otra tesis del ensayista. La misma flor pero con aroma distinto cada una. Esto me lleva a La oda al perfume de  Holger Czukay. El guarani (oral se sobrentiende) es más antiguo que el castellano, es una tesis que defenderé desde hoy hasta la eternidad en todos los zoom del futuro en que sea convocado.

Las conclusiones que sacó de este texto que guiña su simpatía al lector, llamado monstruo delicado aquí a partir de Baudelaire, y tienen su tópico en la ñoñería de Borges, que se vanagloria más de sus lecturas que de sus escritos, hei célebremente. Y en la mono-omnipotencia del lector para el crítico americano Estanislao Pescado (Stanley Fish), a quien por suerte omití leer pasando directamente x el filtro de Terry Eagleton. Tal delirio posmodernista incluso ha llegado a contaminar con su virus mortal a filósofos de la escena del realismo especulativo (opositores a ultranza de las pendejadas posmo) como Graham Harman que plantea que el artista no es más que el primer lector de la obra.

Toda esta puesta en escena que hace la descarada apología del lector me ha llevado a posicionarme en el extremo diametralmente opuesto: el menoscabo de la lectura.  Para ello me parapeto detrás de tres autoridades indiscutibles por su idiosincrática laya: Stendhal, quien siempre decía que escribía para cinco lectores, su sobrina, una amante, un compañero kue de escuela, etc. Schopenhauer, quien, viendo la brevedad de la vida y la infinitud de libros, sostiene que lo primero es el principio de no leer. Esto es, no gastar nuestro breve y precioso ciclo vital en libros malos, que son la mayoría. Elegir minuciosamente uno a uno los libros que valen la pena y el resto rechazarlos como a la parca. Vian, por último, que propugnó escribir libros en una lengua ininteligible, por ende, no simpáticos para los lectores habituales. A esta trinidad anti-lectora añadiría a Cioran y a Gubnther Anders. Cioran ama los libros no escritos, solo fantasedos, nunca materializados, por pereza o falta de tiempo o aun miedo a la decepción. Y el libro es un vampiro que succiona nuestro yo, lavándonos el cerebro con ideas alienígenas. Anders llama ladrón al escritor que ofrece su libro al público al escribirlo e imprimirlo y del que éste siempre desconfía será una mera estafa. Pero el crítico, personaje nefando, al develar que el libro es malo o mediocre, es decir, una estafa, suele terminar convocando al asesino, ese lector que ya sabe que el libro tiene mala crítica y por eso nunca cometerá el gasto de tiempo de corroborar tal juicio inapelable.

Termino el bourbon y esta columna revelando la opinión malhadada que cita Kent en «Un escrito sobre gustos»: «El director de la Orquesta de Instrumentos Reciclados de Cateura, como parte de Sonidos de la tierra, Luis Szaran, declaró que la cumbia, el reggaetón y otros sonidos tropicales son muy populares en Paraguay debido a que el 65 % de la población es analfabeta funcional, lee y escribe, pero no razona».

 

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