12.9 C
Asunción
lunes, junio 15, 2026

Más competencia, carne más barata: Paraguay debe simplificar la importación

Más Leído

Con la inflación general controlada, Paraguay puede bajar el precio de la carne sin controles ni atajos populistas: desregulación responsable de la importación, más competencia, logística abierta y datos públicos. Reglas de mercado claras para cuidar el bolsillo y la mesa de los paraguayos.

Paraguay llega a fin de año con inflación controlada: en torno al 4% interanual, según el Banco Central. Es una señal de estabilidad macro que vale defender.

En ese marco, hay un dato puntual que merece atención serena: la carne vacuna —un producto que simboliza encuentro, familia y pertenencia— registró una suba cercana al 24,7% interanual. No es motivo de alarma, sí una invitación a ajustar con herramientas de mercado para cuidar la mesa de los paraguayos.

La salida no es el control de precios. Es generar incentivos correctos para que el mercado funcione mejor. Eso supone una desregulación responsable de la importación: menos trabas administrativas, reglas previsibles y el mismo estándar sanitario alto para todos.

Importar no es “inundar” el mercado. Es ofrecer una válvula de competencia cuando la oferta local está tensionada. Si la carne de países vecinos cumple trazabilidad y protocolos de SENACSA, debe poder llegar a las góndolas de nuestros supermercados sin laberintos.

Una desregulación responsable empieza por simplificar la licencia previa: trámites 100% digitales, requisitos unificados y sin duplicaciones, costos claros y plazos perentorios. Cuando el proceso es rápido y transparente, baja el costo de transacción y el precio final refleja esa eficiencia.

Hace falta también previsibilidad. Calendarios públicos para autorizaciones, criterios técnicos conocidos de antemano y ventanilla única para documentos sanitarios y aduaneros. La confianza surge cuando el importador y el carnicero saben a qué atenerse.

La equivalencia sanitaria es innegociable. Misma vara para nacional e importado: inspecciones, trazabilidad y etiquetado claro sobre origen, categoría y fecha de faena. Competir en precio sí; bajar estándares, no.

Con más jugadores, la logística fría debe abrirse. Espacios en cámaras y transporte refrigerado accesibles a cooperativas y MIPYMES, con subastas simples y reglas públicas. Cuando más actores pueden mover producto, aparece mejor precio en barrio y en el interior.

La información ordena. Un tablero semanal con referencias mayoristas y rangos minoristas por plaza ayuda a comparar y desarmar dispersiones injustificadas. No es control de precios; es luz sobre el mercado.

Este camino contrasta con los controles de precios de los populismos trasnochados. La experiencia muestra que esas recetas generan escasez, mercados paralelos, caída de calidad y desinversión. Premian la informalidad, castigan al que produce bien y, al final, resultan más caras para la gente. La apertura con reglas claras, en cambio, asegura abastecimiento, previsibilidad y competencia leal.

Este enfoque cuida a todos. El consumidor gana opciones y paga menos. El productor local compite con incentivos a la productividad y la formalidad. El Estado cumple su papel: facilitar, no asfixiar; garantizar calidad, no fijar precios.

Desregular responsablemente la importación es una medida pro-mercado, pro-consumidor y pro-calidad. Es la manera moderna de defender la mesa de los paraguayos y mantener encendidas, cada domingo, las brasas que nos reúnen.

Más Artículos

America TV

Últimos Artículos