Paranaländer emborrona unas cuantas líneas sobra la escultura pública de Adriana González Brun -Premio Impronta, Oxígeno Feria de Arte, Asunción (2024)-, totalmente groggy porque siempre había maniobrado a su alrededor sin caer en la cuenta de su autoría.
«Archivo Adriana González Brun/Mónica González» es el resultado de décadas de prodigiosa labor artística de las artistas paraguayas AGB y MG, reconocidas con el Premio Impronta a la Trayectoria otorgado por Fundación Itaú en la Feria de Arte Oxígeno 2024, y para ello publicaron estos dos libros artísticos -cuadernillos le llaman-, parte de Impronta 9, con la edición y textos de Adriana Almada. Ellos contienen muchas ilustraciones a color y en blanco y negro de las obras de ambas artistas.
Hojeándolo me he percatado que una de las obras, de Adriana González Brun (Asunción, 1964), me es terriblemente familiar. Cito el texto de AA:
En 1996, a pedido de la Municipalidad de Asunción, realizó una importante obra pública, Homenaje a la juventud, tributo a los jóvenes que se habían manifestado ese año en defensa de la democracia frente a un brote de autoritarismo. La propuesta, de siete metros de altura, está erigida en una esquina neurálgica de la ciudad de Asunción. La tensión estructural entre los materiales expone el contraste entre lo heredado, lo normado, lo que pesa de un sistema social y político (el cemento), y la transparencia y la fragilidad de la juventud (el vidrio). La escala monumental otorga relevancia al tema de la obra: la juventud aparece inserta en el horizonte histórico como una fuerza que se eleva. (A la juventud, 1996. Escultura en vidrio y hormigón
700 x 100 x 70 cm. Plaza de las Américas, Asunción. Foto Cortesía de la artista).
Uno. Por la ubicación. Está enhiesta como un menhir en pleno Mariscal López tóxico. Bajo el influjo aciago de los cielos, los cancerígenos rayos del sol, los embates de todos los vientos, sobre todo el norte enloquecedor, las lluvias caprichosas e histéricas…He pasado mil veces frente ella. He trabajado cerca, he esperado ómnibus a su vera, he asistido a conciertos de rock junto a su sombra nocturna en los 90’s…
Dos. Agresividad. Vive inconmovible al hormigueo de la hora pico. Inmutable ante un escupitajo, imperturbable ante una lata puku de Pilsen. Temo que ante el menor contacto con ella me deje moretones, escoriaciones en un jeroglífico maldito. Se yergue fálico dirían los plomizos psicoanalistas. Su agresividad no proviene de allí, de hender los aires atatachinados de la calle con su erección full time. Quizá por su materia. Son camadas de hormigón y vidrio que se intercalan con una ambición quizá de tocar el amba de Ñanderu. Son inescalables. No vandalizables. En cierta forma, se parece a esa configuración megalítica de Stonehenge, puesta y enclavada para marcar un rito oscuro, un culto acuciante, cierta inaudita coreografía estelar.
Tres. Abstracción. Materia abstracta. Cemento hojaldrado. Vidrio ídem. Esa forma informe o casi informe, en todo caso anodina, aunque puede recordar a algo callejero, a una pila de kebabs por ejemplo, expresa un concepto abstracto como la juventud de los 90’s. Si la comparamos con otra obra simbólica sorprendentemente del mismo año, 1996, Mujer, pilar malabarista de Mónica González, allí lo abstracto, la mujer paraguaya, buscaba ser representado con objetos concretos – palanganas, regaderas, baldes de lata- en un assemblage dramático. En suma, su operación era perfectamente asimilable a lo que los lingüistas llaman metonimia. La mujer era reducida a un objeto de (su) uso cotidiano. A una materialidad exterior a ella. No a cualidades morales, o a su sexualidad, su inteligencia, su piedad, etc. El movimiento era de concreto a abstracto. En AGB, es de abstracto a abstracto. Y no me refiero a lo abstracto en el sentido moderno de un cuadro de Kandinski. Lo abstracto ya lo podemos encontrar en el arte rupestre de Jasuka Venda.
Cuatro. Nueva arborización urbana. Me remite al ysypo de hierro de Ángel Yegros erigida en México. Igual que A la juventud de AGB, es una escultura pública. Se levanta al costado de la vía pública, acaso tratando enriquecer again el terreno con su arsenal de hierro. Son árboles de hierro y de vidrio y hormigón del futuro, de esas neo Fitópolis del próximo futuro.
Adriana González Brun. Artista multidisciplinaria, arquitecta y docente universitaria. Nació en Asunción en 1964. Vive y trabaja entre Basilea y Asunción. Premio Impronta, Oxígeno Feria de Arte, Asunción (2024).



