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martes, julio 21, 2026

El pesimismo en la poesía parawayensis

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Paranaländer, invitado por el Centro Filosófico Ovetense a dar una charla, llegó el viernes 8 del mes en curso a Coronel Oviedo con una titulada El pesimismo en la poesía parawayensis.


Dos.

 

Poesía pesimista parawayensis

 

 

Poetas suicidas parawayensis. Roque Vallejos. Miguel Méndez.

 

Hay un tercer poeta suicida, Francisco Martín Barrios, muerto en 1939, al menos según el biógrafo de su hermano Mangoré, Mr. Stover, pues tanto Torga como Sinforiano omiten tal detalle.

 

«Ko che mba’asy che resárupi oike

Ha che korame ojehatypo».

 

(Del poema «Che kuãiru reza»).

 

Delfín Chamorro. Único poema «Todo está perdido», concluye así: «Yo solo espero como bien la muerte». Según la leyenda, el gramático guai fue rechazado en sus ardores amorosos x Margarita Felt, yiyi guaireña inexpugnable.

 

«Che tuyuta» (2026), lírica fatalista de Sobra, dúo punk. «Amanotantevoi» dice el coro.

 

Las fuentes para un posible pesimismo nativo: la corriente bíblica del pesimismo. El célebre estoicismo resignado del pynandi que en el fondo no es más que pragmatismo. Y la tanatomanía guaraní (Egon Schaden: «Como fruto de la desilusión, la aspiración primitiva, el aguydjé, que encierra el deseo de huir a la muerte, se convierte, por lo menos en cierto sentido, en la actitud contraria, en el deseo de morir. Se trata de morir cuanto antes, para entrar enseguida al paraíso, done, en verdad, no habrá más el fenómeno de la muerte»).

 

Pesimismo guaraní llama Susnik a la amenaza sempiterna del mba’e megua que se cierne sobre todo guaraní. Es la destrucción del mundo que ocurrirá el día que Ñanderuvusual sonar el trueno del final, de la perdición, el mbaemegua ryapu, se levante de la hamaca donde permanece en la eterna noche con el yagua rovy, que devorará a los hombres, se extiende bajo la hamaca y el mbopi reko ypy, que devorará el sol entonces, cuelga del primer árbol de su caza.

 

Ernesto Giménez Caballero señala entre las constantes de la literatura paraguaya «cierto nihilismo o tendencia al desengaño» («Revelación del Paraguay». 1958).

 

Los antropólogos mencionan el saludo lloroso entre los guaraníes, el llamado chenga ruvara entre los aché guayaki, que los hermanan con pueblos célebres por su pesimismo como los tracios que lloraban por los recién nacidos.

Un ejemplo de canto aché:

 

«Canción de Airági

1. Aquellos Axé que fueron,

ya en la tierra sin mal

ataron sus flechas hermosamente eternas

con fibras de pindo.

Mientras el astil de nuestras flechas

– ahora sin sangre-

lo cantan con escarnio y con odio».

 

(En «La agonía de los Aché-Guayaki: historia y cantos»(1973), Bartomeu Meliá, s.j. Luigi Miraglia Mark y Christine Münzel).

 

«Che amyas pyambu rupa,

Amoñendu verãvy jevýta».

 

 

(Sobre el lecho de los pasos haré

Nuevamente resonar mi llanto).

 

En lenguaje ritual mbya significa, emprender un viaje.

 

(En «Tañandeayvu mbarãete», 2002)

 

Peinando la bibliografía local solo he detectado a un poeta que ha citado explícitamente a Teognis, es decir el pesimismo griego. Se trata del escritor caazapeño Manuel E. B. Argüello, MEBA, en el poema «La partida» (del libro «Isla de fuego», 1986) como epígrafe cita unos versos del griego.

 

Si me preguntan quién es el poeta pesimista parawayensis, diría Gumersindo Ayala, pues tradujo al guaraní a pedido de su amigo y benefactor Alfredo L. Jaeggli las cuartetas (rubaiyat) del persa Omar Kayyam (São Paulo, 1962).

 

«Reikuaa rupi Nerã’arõva ko’ẽro,

Eñeha’ã evy’a mandi ko’ãga.

Eipyhy peteĩ kambuchi

Ka’uigui tenyhẽva,

Ha eguapy ñasaindy ãme

Ha upépe eisyryku;

Ikatu porã te kũ ko’ẽro jasy

Rendygui neporẽ’y».

 

Su libro anterior «Apytu’u poty» (México, 1949), puede ser considerado filosófico por tres razones: los poemas portan epígrafes de filósofos (Nietzsche, Aristóteles), tienen la brevedad y contundencia de los aforismos y el prólogo lo firma el ensayista colorado Bacon Duarte Prado.

 

«Ñande rekove?…

Jakaru jaikove hagua;

Jakái, ñande kusugue…

Yvýro jaiko hagua».

 

Darío Gómez Serrato, en el poema «Emanóna kuimbae»(Peña Hermosa, 1948), empuja al suicidio al calavera irrecuperable:

«Jaha chupe mbykyhápe ha ejejura, kuimbae».

 

Mi poeta favorita en guaraní, Ida Talavera, nos propina, en su poema en español «Lo que ya no vuelve»: «Todo va, / y lo que va no vuelve». En «Ta’emina ndéve» se habla del devenir ceniza de los hombres, la ceniza como destino, poravi.

 

Para Sinforiano Buzó el poeta pesimista es Carlos A. Jara (Asunción 1897-1958- Cursó estudios en el Colegio Nacional y en el Colegio de San José de la capital paraguaya. Comenzó a escribir El Diario). Fue bohemio del Barrio Latino autor de un poema titulado «¡Adiós a la vida!»:

 

«¡Y porque en esta vida ya no me importa nada:

ni el trágico derrumbe de mi conciencia honrada,

ni aún esta desgracia que yo precipité!»

 

En «Laudatario del vernáculo» (Buenos Aires, 1957), De Gásperi cita otro poema de Jara, esta vez en guaraní, titulado «Panambi»:

 

«Panambi, panambimi,

Ou ramo ku ro’y

Ipirupa umi yvoty

Ha repytama ne año,

Re ñanduma i kane’o

Ku nde pepo kangymi

Ha upéguinte ñembyasype

Re’avanga umi ysyrype

Re hovo Re ñehundi».

 

La traducción sonaría algo así:

 

«Mariposa, pequeña mariposa,

Cuando a la aparición del invierno

Todas las flores se agostan

Y quedas tu solitaria,

No sientes que desfallecen

Tus endebles alas,

Y luego entristecida

Caes en esos raudales

Donde vas a perecer».

 

Termino con un pensamiento de Hérib Campos Cervera padre:

 

«La felicidad es el nirvana».

 

(En el Colorado, 16 de junio de 1912)

 

 

La charla completa se puede leer en el siguiente link:

https://archive.org/details/el-pesimismo-en-la-poesia-parawayensis-130526-ppp-archive

 

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