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jueves, julio 30, 2026

Día de la Amistad: cinco vínculos cercanos, el número que predice la salud según Oxford

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Un trabajo publicado en 2025 por el psicólogo evolutivo Robin Dunbar, de la Universidad de Oxford, sostiene que la cantidad y la calidad de los vínculos cercanos —amigos y familiares— anticipan el estado de salud física y mental mejor que casi cualquier otra variable. El número óptimo de esas relaciones, según la evidencia que reúne, es cinco.

Robin Dunbar, profesor emérito de psicología evolutiva del Departamento de Psicología Experimental de la Universidad de Oxford, publicó en marzo de 2025 una revisión de la evidencia disponible sobre la relación entre amistad, soledad y salud en Annals of the New York Academy of Sciences. Su conclusión central es que la cantidad y la calidad de los vínculos cercanos predicen el bienestar físico y mental mejor que casi cualquier otro factor, y que el número óptimo de esas relaciones se ubica en cinco.

El punto de partida del trabajo es evolutivo. Los humanos comparten con el resto de los primates un impulso intenso hacia la vida social, pero el caso humano se distingue por su complejidad: sostener una red de relaciones exige un procesamiento cognitivo y neuronal sofisticado, y ese sistema se desestabiliza con facilidad. Cuando eso ocurre, las consecuencias sobre la salud física y mental son considerables.

La sección más llamativa de la revisión es la neurobiológica. Dunbar reseña investigaciones que encontraron correlación entre el volumen de determinadas regiones cerebrales y dos variables: la cantidad de amigos cercanos que tiene una persona y su nivel de soledad. Es decir que la vida social guarda relación con la estructura física del cerebro, no solo con el estado de ánimo.

Dunbar es conocido en el campo por lo que la literatura científica bautizó como “número de Dunbar”: alrededor de 150, el límite aproximado de relaciones estables que un individuo puede mantener, condicionado por la capacidad del neocórtex. Dentro de ese conjunto hay capas concéntricas. El anillo más íntimo es el de las cinco personas a las que se recurre en una crisis, y es el que concentra el efecto sobre la salud. Los siguientes —quince, cincuenta, ciento cincuenta— cumplen funciones sociales distintas y de menor incidencia.

En trabajos anteriores, el investigador diferenció el aporte de los amigos del de los parientes. Los familiares tienden a estar disponibles cuando hay una necesidad concreta, mientras que las amistades activan el sistema de endorfinas: la risa compartida y el contacto físico producen efectos fisiológicos medibles. Esa diferencia explica por qué las dos categorías no son intercambiables, aunque la revisión de 2025 las considera en conjunto.

Ninguno de esos círculos se mantiene solo. Dunbar viene sosteniendo desde hace años que la amistad exige inversión sostenida de tiempo y contacto, y que el sistema que la sostiene resulta frágil frente a la distancia, la mudanza o el simple descuido. En su libro Friends, de 2021, planteó que el dato más sorprendente surgido de la literatura médica de la última década es que la cantidad y calidad de las amistades influyen sobre la felicidad, la salud y el riesgo de mortalidad más que cualquier otro factor, con la única excepción de dejar de fumar.

Conviene no reducir todo esto a neurología. El cerebro que se beneficia de esos cinco vínculos está inserto en una comunidad, en un país, en una lengua y en un conjunto de referencias compartidas, y es ese entramado el que hace posible el vínculo. Lo que distingue a la amistad dentro de ese conjunto es que se sostiene sin contrapartida. El amigo permanece sin exigir rendimiento y sin medir lo que recibe: se queda para estar, para conversar sin propósito, para distraerse. En un momento histórico organizado alrededor de la productividad individual y de la idea del éxito personal como medida de una vida, un vínculo que no reclama resultados opera como contrapeso.

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