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lunes, agosto 17, 2026

Los profetas del desastre y el Paraguay que desmiente sus pronósticos

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Mientras algunos economistas convierten cada dificultad en una pieza de oposición, los datos muestran una economía que crece, reduce la pobreza, retiene a sus jóvenes y amplía como nunca la protección social. El debate económico merece rigor; lo que no merece es ser degradado a retórica partidaria.


Hay economistas que parecen haber encontrado una fórmula infalible para no equivocarse nunca: cuando un indicador mejora, explican por qué no importa; cuando otro empeora, lo presentan como la verdad definitiva sobre el país. El crecimiento es “solo macroeconomía”, la baja inflación “no se siente”, el grado de inversión “no llega a la gente”, la reducción de la pobreza necesita inmediatamente un asterisco y cualquier tensión fiscal anuncia una catástrofe. Así se construye un relato impermeable a los hechos. Paraguay creció 5,6% interanual en junio, la inflación de julio fue de -0,1% y quedó en 1,6% interanual, mientras las exportaciones llegaron a US$ 12.133,7 millones a julio. Luis Rojas acaba de afirmar que Santiago Peña “desperdició” sus primeros tres años y describe un país sin reformas, con deterioro fiscal y escasa respuesta social. Es una crítica legítima como posición política. Presentarla como la única lectura posible de la economía exige ignorar demasiados datos.

La discusión fiscal es el ejemplo más evidente de esa memoria selectiva. El déficit paraguayo no nació el 15 de agosto de 2023. El país venía de utilizar deliberadamente la inversión pública como instrumento contracíclico durante la desaceleración de 2019 y, apenas unos meses después, tuvo que enfrentar la mayor emergencia sanitaria en generaciones. La pandemia llevó el déficit por encima del 6% del PIB, obligó a financiar hospitales, subsidios, protección de empleos y una economía parcialmente paralizada. A esa trayectoria se sumaron obligaciones acumuladas y un proceso de convergencia que ningún gobierno responsable podía ejecutar de un día para otro sin provocar un ajuste brutal. Quienes hoy contabilizan deuda como si cada dólar hubiera sido inventado por Santiago Peña borran el punto de partida porque reconocerlo arruina la eficacia política del argumento.

Este Gobierno está administrando esa herencia sin entregar a los sectores más vulnerables como variable de ajuste. Allí aparece una diferencia que los profetas de la austeridad selectiva y los críticos del supuesto abandono social prefieren no mirar al mismo tiempo. Hambre Cero supera hoy el millón de estudiantes y alcanza miles de instituciones educativas en los 263 distritos. La alimentación escolar dejó de depender del azar geográfico y adquirió una escala nacional desconocida hasta ahora. Al mismo tiempo se ampliaron transferencias y coberturas de protección social. Se puede discutir la eficiencia de cada programa, exigir controles y reclamar que cada guaraní produzca resultados. Lo intelectualmente deshonesto es afirmar que el Estado se retiró de la cuestión social precisamente cuando está construyendo mecanismos de cobertura mucho más extensos que los que recibió.

Los números del Instituto Nacional de Estadística son todavía más incómodos para ese relato. En 2025 la pobreza monetaria cayó del 19,6% al 16,0% y la pobreza extrema bajó del 3,7% al 2,4%. Son reducciones de 3,6 y 1,3 puntos porcentuales en un solo año. El propio INE calculó además el efecto de Tekoporã, Hambre Cero y Adultos Mayores: sin esos programas, la pobreza habría llegado al 19,9% y la extrema al 4,8%. Dicho de manera menos abstracta, las políticas sociales evitaron que alrededor de 239.000 personas cayeran bajo la línea de pobreza y que unas 150.000 lo hicieran en la pobreza extrema. Ante cifras de esa magnitud, repetir que el crecimiento no tiene dimensión social deja de ser una interpretación severa y empieza a parecer una negativa deliberada a reconocer aquello que contradice el libreto.

Hay otro dato del INE que merece entrar en esta discusión porque habla de una transformación más profunda del Paraguay. El reciente estudio sobre migración interna e internacional muestra una retracción del viejo patrón emigratorio que acompañó al país desde mediados del siglo XX. La población paraguaya en Argentina se estancó, el crecimiento de las colectividades en Brasil, España y Estados Unidos fue moderado y, por primera vez, la pirámide poblacional muestra una mayor retención de jóvenes de entre 15 y 29 años. La movilidad se recompone hacia adentro: siete departamentos presentan saldo migratorio interdepartamental positivo y Alto Paraná recuperó capacidad de atracción, mientras Misiones, Amambay y Cordillera aparecen también como polos receptores. Paraguay ya no puede describirse con aquella imagen resignada de un país del que los jóvenes necesariamente debían marcharse para encontrar oportunidades. Sus ciudades y polos regionales comienzan a competir por población, trabajo e inversión dentro del propio territorio nacional.

Ese fenómeno dice bastante más sobre una economía que una colección de adjetivos lanzados desde un estudio de televisión. Durante generaciones, una de las expresiones más dolorosas del fracaso económico paraguayo fue la exportación de su propia gente. Familias enteras asumieron como normal que un hijo tuviera que buscar futuro en Buenos Aires, Madrid o Nueva York. El INE habla ahora de “retracción” de la emigración internacional y de “retención de la población joven”. Nadie sensato atribuirá una transformación demográfica de décadas exclusivamente a un gobierno de tres años. Pero tampoco puede sostenerse seriamente que un país donde la pobreza cae, la economía crece y los jóvenes muestran mayor propensión a permanecer y desplazarse hacia nuevos polos internos sea el páramo social que cierta retórica necesita describir cada mañana.

El problema no es que Luis Rojas, Manuel Ferreira, Benigno López o cualquier economista critique al Gobierno. Deben hacerlo, y algunas de sus advertencias fiscales merecen atención. El problema comienza cuando el análisis económico abandona su obligación de ponderar evidencia contradictoria y se convierte en retórica política con apariencia técnica. Si el dato favorable siempre es insuficiente y el desfavorable siempre es decisivo, ya no estamos ante un método de análisis sino ante una conclusión que busca números para justificarse. Hay un canto de sirenas particularmente seductor en repetir que la macroeconomía no importa porque “la gente no come PIB”. La frase funciona en una entrevista; como doctrina económica es pueril. Sin crecimiento, estabilidad monetaria, inversión, exportaciones y disciplina fiscal no existe política social sostenible. El Gobierno de Peña está intentando demostrar algo más exigente: que el orden macroeconómico y la protección social pueden avanzar juntos.

Paraguay tiene por delante grandes desafíos, precisamente porque ha alcanzado una posición desde la cual puede proponerse mucho más. La informalidad continúa siendo alta y las cuentas públicas exigen una convergencia responsable. El país necesita además pensar con audacia su matriz energética para que la abundancia de energía limpia deje de ser solamente una ventaja comparativa y se convierta en la plataforma de una nueva industrialización. Necesita formar el capital humano que esa transformación demanda, con una verdadera agenda educativa que abandone las reformas cosméticas y coloque la calidad, el conocimiento, la ciencia y la formación técnica en el centro de una estrategia nacional de desarrollo. Tiene que mejorar profundamente su sistema de salud, elevar la productividad y conseguir que el crecimiento alcance cada vez a más paraguayos. Esos son los desafíos de un país que avanza, no las señales de una nación en decadencia. Hoy Paraguay crece por encima del promedio regional, mantiene una inflación baja, exporta más, conserva el grado de inversión, reduce con fuerza la pobreza y la pobreza extrema, alimenta diariamente a más de un millón de estudiantes y empieza a retener dentro de sus fronteras a una generación que antes veía la emigración como destino casi natural. Frente a esos hechos, los cantos de sirena del fracaso permanente empiezan a sonar menos como economía y más como lo que muchas veces son: oposición política escrita con una calculadora al lado.

Datos utilizados para la edición

• INE, Pobreza Monetaria 2025: pobreza total 16,0%; extrema 2,4%; estimación del efecto de Tekoporã, Hambre Cero y Adultos Mayores.

• INE, Migración Interna e Internacional (publicación 2026 sobre Censo 2022): retracción de la emigración internacional, retención de población joven y diversificación de destinos internos.

• Última Hora, 13/08/2026: críticas de Luis Rojas a los tres primeros años del Gobierno.

• BCP y reportes de comercio exterior de agosto de 2026: actividad, inflación y exportaciones.

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