Paranaländer presencia la decapitación detallada del mito místico-religioso de la migración guarani conocida como yvy maraneỹ.
La tesis que ofrece Noemi Diaz Martínez (investigadora de Sorbona, Paris V) en esta monografía «La migración mbya-guarani» (Dédalo 24, revista del museo de arqueología y etnología, Universidad de Säo Paulo, 1985), me recuerda y remite a la obra «Eros y magia en el Renacimiento.1484» (Paris, 1984) de Ioan Culianu. En la fecha del subtitulo, según el autor rumano, se perpetró una de las más grandes catástrofes de la civilización: la castración de la esfera simbólica por obra de la ciencia. Mutatis mutandis, Diaz Martínez ataca la dimensión místico-religiosa del concepto yvy maraeȳ, predominante en los estudios sobre migración guaraní.
La desmitificación se resume en los siguientes términos:
«Las instituciones oficiales utilizan teorías sobre el misticismo guaraní en contra de los propios guaraníes; bajo este pretexto, los funcionarios argumentan que carece de sentido asignar o demarcar tierras para los indígenas —o defender la identidad indígena— si estos continúan vagando en un estado místico. Consideramos que sostener teóricamente el concepto de misticismo sirve para invisibilizar la lucha de este pueblo, respaldando así a quienes los despojan de sus tierras y de su identidad».
¡Chau misticismo guarani!
«Hasta ahora, los guaraníes han sido representados —salvo raras excepciones— como místicos en busca de la salvación; nuestro trabajo pretende demostrar exactamente lo contrario: la suya es una sociedad que busca la continuidad de su propia reproducción y que —como cualquier sociedad— alberga contradicciones y las transformaciones derivadas de ellas, todo ello en consonancia con su identidad y su proceso histórico».
Es decir, la yiyi Diaz M, seculariza el anhelo de la tierra sin mal a elemental persecuta de bosques o montes donde continuar su tekove. Por ende, reduce la esfera celestial, post-terrenal, mística a cotas estrictamente telúricas, a la lucha por la tierra parafraseando Pastore. Ergo la religiosidad guarani es apenas apelación de tierra concreta y cero existencias celestiales. Hum. Controversial exégesis, al ridiculizar esa imagen libresca de los guaraníes medio locos medio hippies/new ages entregados a sus interminables jeroky levitantes con fruición nihilista, todo sea con el fin de abandonar el mundo asediado por colonialistas…
«Nuestra interpretación tendería a mostrar: a) que no existe una búsqueda de la «tierra sin mal», sino más bien de una TIERRA SIN ESTRUCTURAS muy concreta (el bosque).
A partir de lo ya expuesto, nos apartamos de la interpretación de H. Clastres cuando ella escribe sobre «la Tierra sin Mal: un espacio desprovisto de lugares marcados donde las relaciones sociales se desvanecen, un tiempo sin puntos de referencia donde las generaciones quedan abolidas». Pues es precisamente en la Tierra sin Construcciones (el bosque) donde las relaciones sociales se afirman, permitiendo la vida de las generaciones futuras; un proceso que perdura desde hace más de cuatro siglos.
No pretendemos sugerir que los autores inventaran una traducción, sino más bien que, en consonancia con su ideología, optaron por un enfoque literal, deconstruyendo y reconstruyendo así un significado distinto. La polisemia de «Mara» —traducida acertadamente por Montoya— propició esta confusión; en su interpretación, los autores pasaron por alto la traducción específica que Montoya atribuye a Yvy Maraeȳ. A nuestro juicio, es aquí donde la llamada migración guaraní cobra sustancia y sentido: independientemente de si se presentaban —ya fuera de manera concreta o ideológica— como cazadores-recolectores que también practicaban la agricultura, resulta evidente que buscaban «suelo virgen, libre de estructuras» y un «bosque del que no se hubiera extraído ni talado madera». Tanto en la época de la Conquista como en tiempos modernos, fueron los occidentales quienes destruyeron bosques y selvas con fines constructivos. Los guaraníes no buscaban una paradisíaca «Tierra sin Mal», sino más bien una «TIERRA SIN ESTRUCTURAS» en sentido concreto.
Finalmente, Antonio Ruiz de Montoya (1640) no solo nos sacó del callejón sin salida, sino que también nos proporcionó ejemplos claros que nos permitieron reunir todos los elementos y proponer otra interpretación. Creemos que la transcripción textual es la siguiente:
YVY MARANEŸ: ¿TERRENO INTACTO? QUE NO HA SIDO CONSTRUIDO (Suelo intacto, que ne ha sido edificado)
CAA MARANEŸ: BOSQUE DEL QUE NO SE QUITÓ NI CORTÓ MADERA (Monte donde no han sacado palos, ni se ha traqueado)».
También se toma con la hermenéutica hegemónica de Kuaray:
«León Cadogan tradujo este término como «Círculo resonante», pero nosotros preferimos traducirlo como «MULTITUD EN CÍRCULO» o «MULTITUD EN CIRCULACIÓN» (Montoya: hama = círculo; ndüu = «lo usan para el sonido de cualquier objeto, y significa multitud»).
¡Hasta luego, Cadogan!
«Como veremos, nuestra postura no es en absoluto incompatible con los movimientos migratorios de los guaraníes, su concepción histórico-espacial o su interpretación del desplazamiento del Dios Sol. Si consideramos que su territorio ancestral se encuentra al este, cerca del mar, y que ellos mismos migraron hacia el oeste —ya fuera durante la Conquista o con posterioridad—, observamos que el avance hacia el este de los actuales mbyá no es más que un lento retorno a sus tierras de origen. Son una «multitud en circulación»».
Tampoco falta la lectura feminista avant la lettre del yvy maraneỹ.
«Tanto en los relatos de creación apapokuva como en los mbya, es la Mujer-Tierra quien verdaderamente inicia el movimiento migratorio. El dios que la fecunda se marcha tras una disputa con ella; en el caso mbya, esto sugiere un conflicto social, ya que la Mujer-Tierra manifiesta su negativa a encontrarse con la Esposa Celestial del dios progenitor. En el caso apapokuva, el conflicto es de índole económica, pues el motivo de la disputa es el maíz. Es, por tanto, la Mujer embarazada quien decide seguir los pasos del padre de su hijo; durante la búsqueda, su hijo la engaña y ella llega al territorio de los Tigres Primordiales, que la devoran. Cabe destacar que es la Mujer quien toma la decisión —dado que en ambos mitos la discusión gira en torno a cuestiones sociales y económicas—, y preferimos pensar que la organización del grupo bien podría haber estado liderada por mujeres, lo que significa que la decisión de trasladarse (o no) partía de ellas y no de los hombres. Para revertir este proceso, los hombres inician otro, forjando alianzas desestabilizadoras: internas con sus hijos y externas con los Hombres-Tigre. La referencia a la antropofagia es clara e implica una relación de dominación por parte de los Tigres, quienes bien podrían representar a otra tribu o, en última instancia (como un llamamiento a la resistencia), a los occidentales».



