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lunes, agosto 24, 2026

¿Por qué están invirtiendo USD 448 millones en Paraguay?

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Paraguay aprobó proyectos de inversión por más de USD 448 millones hasta julio. El último dato consolidado del Banco Central registró además USD 931 millones de inversión directa neta en 2024, 15% más que en 2023. Los proyectos de este año todavía deben ejecutarse, pero se apoyan sobre una tendencia inversora que ya tiene varios años y un origen cada vez más diversificado.

Una empresa que instala una fábrica piensa en los próximos diez o veinte años. Antes de comprometer capital estudia impuestos, energía, estabilidad monetaria, infraestructura, mercados y seguridad jurídica. Los USD 448 millones aprobados hasta julio surgen de decisiones empresariales de esa naturaleza. No todo ese dinero fue desembolsado y algunos proyectos pueden demorarse, pero existe una voluntad concreta de invertir. Para discutir el rumbo económico, ese comportamiento tiene un peso especial: el capital privado arriesga recursos cuando considera que las condiciones permiten recuperarlos.

El último dato consolidado del Banco Central ayuda a poner esa cifra en perspectiva. Paraguay recibió USD 931 millones de inversión directa neta en 2024, 15% más que en 2023. El saldo acumulado llegó a USD 10.395 millones. Un estudio presentado este agosto por el BCP y el FLAR calcula además unos USD 10.000 millones de flujos netos acumulados entre 2008 y 2024, con un promedio anual de USD 590 millones. La inversión ya forma parte estable del financiamiento externo paraguayo.

También cambió el origen del capital. Paraguay pasó de recibir inversión directa de 39 países en 2008 a 68 en 2024. Brasil continúa siendo importante, acompañado por Estados Unidos, Países Bajos, Uruguay y España, mientras otros orígenes ganaron participación. Esa diversificación reduce dependencias y amplía las conexiones económicas del país. Santiago Peña convirtió la atracción de inversiones en una prioridad de su política exterior, y los viajes, reuniones empresariales y misiones comerciales deben evaluarse por su capacidad para transformar esas relaciones en proyectos, empleos y producción.

Paraguay conserva ventajas conocidas: impuestos competitivos, energía abundante y estabilidad macroeconómica. La siguiente etapa exige logística, capital humano, conectividad, mercados externos e instituciones previsibles. La discusión energética de estas semanas pertenece a ese proceso, igual que las inversiones viales y la apertura comercial. Una industria que llega hoy necesita saber que dentro de quince años encontrará electricidad, trabajadores preparados y caminos para transportar su producción. Atraer capital resulta inútil si después el país no consigue crear las condiciones para que permanezca y se expanda.

Los USD 448 millones aprobados en 2026 deberán convertirse ahora en inversiones ejecutadas. El Gobierno debería informar periódicamente cuánto se desembolsa, qué proyectos comienzan a operar, dónde se instalan y cuántos empleos crean. La promoción económica pierde credibilidad cuando los anuncios desaparecen después de la fotografía. Esta administración tiene razones para someter su política de inversiones a una medición exigente. Si los proyectos se concretan, los resultados ofrecerán una defensa mucho más persuasiva que cualquier campaña de comunicación.

La huelga médica que comienza esta semana recuerda que el crecimiento convive con servicios públicos que necesitan mejoras profundas. Los hospitales requieren profesionales, insumos y condiciones laborales capaces de sostener la atención. Resolver esas demandas exige recursos permanentes. Una economía con más inversión, producción y empleo formal amplía la recaudación y la capacidad estatal para financiar salud, educación e infraestructura. El crecimiento no reemplaza las reformas necesarias, pero proporciona los recursos con los que esas reformas pueden sostenerse sin hipotecar las cuentas públicas.

Los inversores que presentaron proyectos por USD 448 millones están tomando decisiones sobre el Paraguay de los próximos años. Llegan después de un 2024 con USD 931 millones de inversión directa neta y de una expansión que llevó el origen del capital a 68 países. Santiago Peña apuesta a acelerar ese proceso. Su política económica podrá medirse en fábricas construidas, empleos creados, producción y exportaciones nuevas. Paraguay habrá dado un salto importante cuando invertir aquí deje de llamar la atención y se convierta, para empresas de cada vez más países, en una decisión perfectamente normal.

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