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sábado, marzo 7, 2026

Ética zapatista para niños mutantes del año 2050

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Paranaländer traga saliva ante los desafíos que el niño nacido en el siglo XXI de la masificación digital debe enfrentar según el libro de César Zapata.

 

El profesor de filosofía, poeta y ensayista chileno-paraguayo César Zapata publicó el año pasado su segundo libro filosófico: «Ética para Arandú y Jerutí. La inflación de las pantallas» (Arandurä).

Está dedicado a sus hijos Rodrigo Arandú y Martina Jerutí.

El título remite a ese bodrio cursi «Ética para Amador», en donde Fernando Savater legislaba a través de un tratado aristotélico a su hijo que hoy, 30 años después, creo podemos decir que le salió woke y no conservador como el padre.

¿Autoayuda vomitiva -en la línea de Cioran antes que la de su compatriota Labatut- podría ser el género de este libro?

El padre legislador a la antigua usanza pues hoy un niño que es lanzado al mundo vive inmediatamente un horizonte de orfandad.

Volviendo a Savater, recuerdo que cuando lo leí, muy por encima debo reconocerlo, sin tener ni elaborar argumentos en su contra, me fastidiaba ese tópico, que para enseñar al hijo, hiciera el cotejo del hombre con el mundo animal. Las hormigas blancas o termitas sucumbían heróicamente antes las hormigas gigantes por simple instinto o programación mientras Héctor el héroe troyano lo hacía desplegando su libertad.

Zapata por su puesto no sucumbe ante esta ilusión libertaria. Ve la humanidad en la culpabilidad, como debe ser siempre.

«Los humanos se van a pantallanizar» grita en el desierto nuestro autor, y nos da la sensación que pinta un cuadro en exceso catastrófico de ángel caído. ¿Es realmente tan grave esta sustitución de los padres por la maquina en la educación del niño del siglo XXI?

Sí, Zapata está más cerca de las coordenadas de Cioran, Bifo, Aristóteles incluso, antes que con ese género de autoayuda orondo de humanidad superior al resto de la naturaleza.

La virtud del niño mutante futuro del año 2050 deberá ser la de la irreverencia. Aquí se acerca tanto a Cioran como a Aristóteles. Al rumano cuando clamaba por el «pensar contra sí mismo».

Y en esa auscultación del niño-futuro si sus deseos son deseos o deseos-implantes, me remite directamente a Aristóteles y su definición de pensamiento: diálogo con uno mismo.

«Ustedes, la generación ventana, han sido criados por las pantallas como individualidades de rebaño».

Este rebaño de individualidades es muy proteico, pero siento que está más próximo del man heideggeriano y la masa canettiana antes que con la multitud de Negri. Un colectivo negativo.

La idea más perturbadora, sin embargo, aparece cuando brota la siguiente frase:

«Yo, hijos míos, espero de ustedes autoirreverencia, este valor debe convertirse en un martillo que constantemente puedan usar para destronar el poder de la mórbida comodidad de entregar gran parte de su vida y tiempo a una pantalla, manejada por otros humanos pantallanizados».

Coincide plenamente con las tesis apocalípticas de Bifo, que responde a mi cuestión presentada ut supra, de que nunca en la humanidad un niño había sido sometido a un bombardeo de impulsos informáticos de manera tan intensa, veloz e invasiva. Hoy vivimos y presenciamos según este autor italiano, una verdadera mutación tecno-cognitiva. Una catástrofe psico-política contemporánea. La de la masificación del mundo digital. Los niños mutantes-posléxicos de Bifo chupan de la nueva teta que es su principal fuente lingüística desde que la madre se ha emancipado -vaya ironía- dejando la casa por la fábrica u oficina.

Zapata termina -o mejor empieza- su ética para los niños mutantes del futuro 2050 modificando la máxima délfica («Conócete a ti mismo») por el siguiente ukase: «No te reverencies ti mismo». El tono melancólico y cierto autoritarismo educativo que se sabe impotente nos conducen a lo largo de las 100 páginas del libro.

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