Paranaländer es un moderno Diógenes a la caza sutil de un pesimista en la bibliografia del Paraguay de los últimos siglos.
Buscando desganadamente primero, luego con cierta pichadura, al menos un pesimista debió existir en Paraguay, me digo, abrumado por la evidencia de la derrota: ¡desde que la gente tiene pluma y tinta ni un pesimista dejó sus reflexiones oscuras sobre la vida parawayensis! Dos guerras catastróficas en cada uno de los dos últimos siglos, y en éste víctima infatigable de las iniquidades y sadismos del chthuluceno. Ni un miserable y severo pesimista no tuvimos pio. Hay hasta un nihilista según Natalicio (Ángel I.González) y un misántropo según Amaral (Francisco Luis Bareiro).Hoy más que nunca que necesitamos de pesimistas. Bueno, perdido en esa búsqueda casi obsesiva topé con Fortunato Toranzos Bardel (1883-1943). Sus ejes geográficos son: Buenos Aires, donde nació. Mendoza, querencia de la familia materna. Salta, lugar natal del padre profesor. Villarrica, donde estudió. Concepción, donde trabajó como director de colegios. Asunción, barrio Ciudad Nueva, donde se recluyó en la quinta de su socio Herib Campos Cervera (padre del poeta y hermano del pintor célebres). Itauguá, donde murió (Kendall/Patiño Cué).
En el libro “Alma Guarani” (América-Sapucai, 1964) se encuentra un texto titulado ‘Curupi’ entre otros del mismo tenor folclórico (Luisón, Yasy Yateré, Payé, Ypora, Ybaga, Tesoro enterrado). Fue escrito en 1903 y publicado como los demás (más prosa poética diría yo, no tanto cuento o narrativa) previamente en periódicos de la época antes de ser reunidos en este volumen de la editorial de Edgar L. Insfrán, si no me falla la memoria.
Bueno, su Curupi es relamido, amanerado, afectado, preciosista, paranasiano, orientalizante, modernista, novecentista, milyunanochesco, caldeo, egipcio, persa, zoroástrico, cualquier verdura menos pesimista.
Más que espíritu protector de los ka’aguy hovy es una suerte de élan vital que serpentea y electrifica el verde monte de hace más de un siglo pues no solo es una criatura petisa, elfo o enano de Menfis, también se manifiesta en el canto de ciertas aves como el ñajhaná o deviene ocara poty cuemi proto deleuziano. Impregnado de cierto holismo muy escorado al panpsiquismo o al spinozismo romántico, ponele, y esa pátina teosófica marca de la época, es imposible que nos sorprenda con un Curupi pesimista lanzando endechas como los aullidos de Platón en la carta 7, por el cercano fin de esa escenografía natural donde zangolotea y fluye tal espíritu panteista.
Dice su prologuista uruguayo-alemán que leyó a Guyau, sociólogo positivista. Schopenhauer (padre del pesimismo actual), Swedenborg (místico a lo Heidegger), Flaubert (pesimista decimonónico)…
Tal vez quién sabe caminando por Lambaré un día tropiece con una bolsa de desechos atiborrada de manuscritos de un auténtico pesimista inédito.



