El escritor uruguayo Juan de Ibarburu reflexiona sobre el 23 de octubre, la responsabilidad del gobierno liberal de José P. Guggiari y la necesidad de reactivar la memoria sobre dicha fecha histórica.
Por: Juan de Ibarburu
Otro 23 de octubre pasó casi desapercibido. Más que buscar culpables, es un buen momento para renovar, entre instituciones y ciudadanía, el impulso a nuestras fechas históricas y a la cultura que nos identifica.
Fecha heroica y digna de conmemoración sí las hay, un viernes 23 de octubre de 1931, aproximadamente 400 estudiantes – sin contar a los adultos – de varias instituciones educativas de la ciudad de Asunción, destacando entre ellas el Colegio Nacional de la Capital, realizaron una manifestación que ya se había iniciado en los días anteriores.
Estos jóvenes estudiantes no estaban manifestándose para «perder clases» ni para «derechos sociales» – lo que tampoco estaría mal en sí mismo – ni para luchar contra un gobierno en particular, aunque no faltaron en sus protestas los ataques, dentro de lo normal y esperado, contra el gobierno de entonces. Estos jóvenes, junto a sus profesores y otros tantos patriotas que se les unieron, estaban allí para exigir a José P. Guggiari, entonces presidente de la República del Paraguay, una respuesta decisiva y acciones verdaderas para la defensa del Chaco Boreal, que estaba siendo ocupado por el ejército de Bolivia.
Como persona oriunda del Uruguay, que adoptó al Paraguay como su patria auténtica, siempre me llamó la atención que en este hermoso país que me acogió, un acontecimiento tan evidente y tan claro como un día soleado, pueda desfigurarse hasta el punto de que unos valientes jóvenes que pedían la defensa de su patria, sean llevados hasta el más increíble de los olvidos.
En nuestro país (porque Paraguay es también mi país) existe una «historia oficial» y luego una «historia silenciada». Por lo general, la mayoría de los historiadores se limitan a repetir la «historia oficial» que al mismo tiempo, puede tener muchos tintes políticos partidarios. Esto significa, en pocas palabras, que existe una «historia oficial colorada», una «historia oficial liberal» y etcétera. En el caso del 23 de octubre de 1931, se impuso la «historia oficial» que es la «historia oficial liberal». No es la «historia verdadera», la que habitualmente es la «historia silenciada», sino simplemente la «historia oficial liberal».
¿Cuál es esa «historia oficial liberal»? Que los valientes jóvenes estudiantes no eran sino pobres «manipulados» por «políticos interesados» que solamente querían utilizar la versión de la «indefensión del Chaco Boreal» para imponer sus intereses políticos y quizás derrocar al gobierno del presidente Guggiari.
Por supuesto, según esta misma versión, los propios jóvenes estudiantes fueron responsables de su propia desgracia, ellos mismos provocaron los incidentes que resultaron en su masacre e inclusive, cuando uno estira un poco más de esta cuerda de la «historia oficial liberal», uno puede leer cosas como que entre los estudiantes habían «anarquistas y comunistas infiltrados» quienes habrían sido los que dispararon contra las fuerzas del orden y contra la misma multitud que se manifestaba frente al Palacio de los López, y que estos supuestos «anarquistas y comunistas» se refugiaron en Formosa para nunca más volver.
Cualquiera se quedaría perplejo al leer esto último. Los estudiantes prácticamente tomados por brutos manipulados, los opositores al gobierno señalados como si fueran unos perversos maquiavélicos y para colmo, se fabrica una alucinante presencia de «anarquistas y comunistas infiltrados» que habrían sido mágicamente los responsables de todo lo acontecido. Por supuesto, el gobierno del presidente José P. Guggiari era de «angelitos voladores», más inocentes que Santa Teresa de Calcuta ¡Es impresionante que nadie ponga a toda esa «historia oficial liberal» en el máximo de los ridículos!
Lo más triste en el Paraguay es que muchos verdaderamente piensan que en este país, «todo empezó y todo terminó con Stroessner». Así, me tocó vivir varias veces en mis más de 30 años que tengo en el Paraguay, que cuando uno pone en cuestionamiento a la «historia oficial liberal», la inmediata respuesta que uno recibe es que las versiones contrarias son «fabricaciones del régimen del general Stroessner, mitos y leyendas construidos por Luís G. Benítez, relatos del ultra nacionalismo más fanático» y cosas así.
Mucho tiempo preferí guardar silencio porque sentía que no tenía derecho a hablar de estos temas tan sensibles siendo yo proveniente del Uruguay, aunque vivo en este hermoso Paraguay hace más de 30 años. Pero me interesó saber más. Profundicé en estos temas. Cayeron en mis manos varios libros que hablan de estos acontecimientos. Leí los libros sobre el 23 de octubre que fueron escritos por Manuel Agustín Ávila, Efraím Cardozo, Enrique Volta Gaona, los testimonios del doctor César Garay según su hija, la historiadora María Eugenia Garay, entre otras obras que mencionan al tema.
Y no queda duda de que el 23 de octubre de 1931 fue un terrible error del gobierno del presidente José Patricio Guggiari. La responsabilidad recae enteramente sobre su administración. No se puede culpar a los estudiantes por haber tenido las buenas y dignísimas intenciones de pedir y exigir la defensa del Chaco Boreal que estaba siendo ocupado por el ejército de Bolivia, lo que se confirmó enteramente con el incidente del Fortín Samaklay, que los bolivianos capturaron en septiembre de 1931 y que los paraguayos, dirigidos por el teniente coronel José Félix Estigarribia, fracasaron en su intento de retomarlo semanas después.
Los únicos que tienen la culpa de lo que aconteció eran aquellos quienes debían garantizar, no solamente la seguridad del Palacio de los López, sino también de los mismos manifestantes. Se produjo un juicio político «fantoche» en el que el presidente José P. Guggiari fue juzgado por un congreso compuesto enteramente por partidarios suyos (del Partido Liberal) porque los colorados en esos tiempos tomaban, en su mayoría, una postura «abstencionista», y el presidente Guggiari quedó libre de todos los cargos legítimos e irrefutables que se le imputaban, como el jefe del estado con la responsabilidad sobre la vida de sus ciudadanos.
Hasta el hecho de «quién dio la orden de disparar» se buscó obscurecer y echarle tierra encima para que el gran público no lo supiera a ciencia cierta. Lo cierto es que unos pocos lo mencionan, como es el caso de Efraím Cardozo, pero recientemente, el que quizás es el mejor historiador paraguayo de la actualidad, mi amigo Emilio Urdapilleta (en su libro «La Guerra del Chaco 1932 – 1935», en coautoría con Ramón Antonio Vargas) nos lo dice «a calzón quitado y sin disimulos» que fue el capitán José Bozzano el que dio la única orden de la que se tiene conocimiento explícito, para colmo por escrito y verbalmente confirmado por el mismo capitán José Bozzano, quien asumió la responsabilidad y actuó según lo que decían los reglamentos militares de la época.
¿Esto es acaso «historia oficial colorada» o simplemente, lo que está escrito y testimoniado por los mismos protagonistas de esos eventos trágicos? Lo que a mí me parece, es que los colorados de hoy «tienen vergüenza» de reivindicar a los jóvenes caídos el 23 de octubre de 1931 porque tal vez, solamente tal vez, «no les gusta la idea de los estudiantes patriotas marchando para exigir cosas nobles y buenas para el país y para la defensa del Paraguay». ¿Se preguntaron esto?
Voy a resaltar aquí esa idea. A la «historia oficial liberal» le interesa reivindicar a sus caudillos e imponer sus versiones «pro liberales» de la historia y a la «historia oficial colorada» (de la actualidad por lo menos) no le gusta mucho la idea de que los estudiantes se movilicen y protesten por causas justas y patrióticas, entonces, son tibios con el tema y prefieren callar o «dejar nomas» que los liberales digan lo que quieran en ese tema para que nunca se conozca a la historia verdadera, que es la «historia silenciada» del Paraguay.
Se habla de 11 personas muertas en la trágica jornada del 23 de octubre de 1931. La lista de sus nombres existe. ¿Hasta cuándo seguiremos despreciando a la memoria de los valientes estudiantes del 23 de octubre de 1931, verdaderos héroes del Paraguay, quienes ofrendaron sus vidas para exigir la defensa del Chaco Boreal? ¿Cuándo se declarará al 23 de octubre como «Día del Estudiante Paraguayo», que es lo mínimo que ellos se merecen? Como persona oriunda del Uruguay, que vive en este maravilloso país hace más de 30 años, espero que el año que viene sea el último en el que los jóvenes héroes del 23 de octubre de 1931 pasen «sin flores sobre sus tumbas».



