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viernes, junio 5, 2026

Beautiful losers

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Paranaländer resenciona Librería San Macario de Carlos Martín Noguera Bazzano, Premio de Novela inédita Beatriz Rodríguez Alcalá de González Oddone 2025, dotado con 6 mil dólares.

 

«Librería San Macario» de Carlos Martín Noguera Bazzano resultó ganador del Premio de Novela Inédita Beatriz Rodríguez Alcalá de González Oddone 2025. La conocida empresa NGO SAECA, de la familia González Oddone, entregó el cheque de 6 mil dólares al escritor luqueño el pasado viernes 10 en la residencia del embajador de España.

Chespis, poetas, bebedores, librería usada, biblioteca, morfina, hemeroteca, hospital, cocaína, línea 30, bares, barrios periféricos, conductores borrachos, muertos de 27 años, grafitis. Esa es la escenografía de fondo casi permanente de la novela. Como esos animes donde los personajes están fijos pero el fondo es el que gira y cambia.

Hay tres tiempos. Dos tiempos pasados, y uno presente. Cada tiempo, como un tablero de ajedrez, está ocupado por jóvenes veinteañeros losers. En 1913, por 3 muchachos de origen campesino, Roque, LeoCen y Guillermo, y dos afrancesadas, Marguerite y Jeanne. En el segundo pasado son también tres, ya muertos Pilar Aracuyú y Villasboa, más el sobreviviente Santacruz. En el presente, Santacruz interactúa y se enlaza a los jóvenes Emilio, cara de pájaro, y Sofía, la del gorro de pescador.

Cada época con su droga hegemónica: morfina, los poetas morfinómanos del 900, crack en el vecindario de Santacruz y cocaína en la adolescencia de los nietos del librero.

Cree, la novela, todos los poetas malogrados de todos los tres tiempos, como dice Peter Handke, en el momento de la sensación verdadera. Y sus fuentes son los libros, manuscritos, las drogas, el alcohol.

Tiene valor didáctico. Rescata un pasado que ni nuestros intelectuales conocen. Que quizás piensan que todo ha sido mera invención ebria del autor.

Hay reminiscencias de otros mundos, libros. De «Detectives salvajes» (1998) de Roberto Bolaño, con su pandilla de poetas perdidos en busca de poetas. «White Chappell, trazos rojos» (1987) de Iain Sinclair, con su búsqueda obsesiva y rescate de obras como si se tratara del elixir de la eterna juventud lectora.

Todos sus héroes sucumben o están a punto de sucumbir, inmovilizados en pleno en ese tiempo apocalíptico que resta para el fin. Hoy, mañana o hace un siglo. La realidad yaré impera, no se oculta nada del 30 siempre repleto, la city sin cloacas, el miedo cotidiano a perder el empleo y el salario que no alcanza, el clan del chespi cercando al vecindario, las muertes absurdas de jóvenes que intentaron otro mundo, aunque sea un espejo deformado de la Europa remota. Noguera Bazzano o sus personajes están traspasados de una fe, diríamos, gnóstica. A unas tinieblas sempiternas opone una creencia esotérica de que brotará un día una suprema luz redentora. Un fideísmo credo quia absurdum, totalmente irracional.

Pero no creo que hoy nadie crea -excepto la empresa de González Oddone- que los libros y poetas venzan a los chespis y al clan drogota, la neo Gomorra que empieza a conquistar el mundo.

Tampoco se trata aquí de sexo, drogas y rock and roll. Zero sexo. Zero rock. Hay cachacas y tangos nomas en los buses luqueños. Hay droga, pero como Aliosha Karamazov, el autor perdona su existencia caída a los chespis o crackeros.

Sentimental, idealista, tardo-romántico, con fe en el futuro, sin negar ni cerrar nunca los ojos ante la realidad negativa que es retratada con todas sus arrugas y decadencia, la novela vuela y sueña cándido en la revolución y la utopía, aunque haya fracasado hace un siglo, hoy y vuelva a fracasar en 100 años.

Los hermosos perdedores parawayensis de hoy, ayer y hace una centuria ya tienen su novela-evangelio y su santo protector.

 

 

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