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martes, julio 14, 2026

Argentina – Inglaterra: el partido que nunca termina de jugarse

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El miércoles Argentina e Inglaterra se enfrentan por una semifinal del Mundial 2026. Es la quinta vez que se cruzan en una Copa del Mundo y cada una de las anteriores dejó una marca que fue más allá del resultado. Esta no va a ser diferente.

 

Hay partidos de fútbol y hay otra categoría de clásicos. Argentina e Inglaterra pertenecen a la segunda. No se trata de un clásico construido por la frecuencia de los encuentros —se vieron las caras apenas cuatro veces en mundiales antes de este miércoles— sino por el peso específico de cada uno de esos cruces. La guerra de Malvinas, la Mano de Dios, el Gol del Siglo, la roja a Beckham. Cada capítulo agregó una capa nueva a una historia que no necesita cantidad para tener densidad.

El origen está en Wembley 1966. Argentina perdió 1-0 con el capitán Antonio Rattín expulsado en circunstancias que siguen siendo discutidas: el árbitro alemán Rudolf Kreitlein lo echó por una protesta que difícilmente pudo haber entendido dado el idioma. Rattín tardó minutos en retirarse y al salir estrujó el banderín con la bandera británica. El DT inglés Alf Ramsey impidió el intercambio de camisetas al final. Nació algo ahí. No todavía una rivalidad, sino el germen de una. Rattín falleció el sábado 11 de julio, tres días antes de que ambas selecciones vuelvan a cruzarse en semis. El timing tiene algo de guión.

Pero lo que convirtió este cruce en algo diferente a cualquier otro fue el 22 de junio de 1986 en el Estadio Azteca. Hacía cuatro años de la Guerra de Malvinas —649 militares argentinos muertos, 255 británicos, 74 días de conflicto—. El fútbol no repara esas heridas y tampoco tendría por qué hacerlo, pero ofrece algo que la política rara vez permite: un escenario simbólico donde dirimir sin armas. Maradona lo entendió antes, durante y después. Primero la mano. Luego el gol más grande de la historia de los Mundiales. Y al final, ante los micrófonos: «fue la mano de Dios». El resultado fue 2-1 y Argentina fue campeón. En casa, los diarios titularon «Maradona se escribe con M de Malvinas».

Después vinieron Francia 1998 —2-2, penales, la roja a Beckham, Carlos Roa atajando lo inatajable— y Corea-Japón 2002, donde Beckham cobró su revancha con un penal que eliminó a Argentina en grupos. El historial entre ambos queda en tres victorias inglesas, una argentina y un empate. El número engaña: el peso emocional está repartido de otra manera.

Para este miércoles, Argentina llega con Lionel Messi en un estado que pocos esperaban a los 39 años. Ocho goles en cinco partidos, líder de la tabla de goleadores, máximo anotador de la historia de los Mundiales con 21 tantos. El dato que cierra el círculo histórico casi con demasiada precisión: el 22 de junio pasado, día exacto del 40° aniversario de la Mano de Dios, Messi marcó contra Austria para convertirse en el goleador mundialista más grande de todos los tiempos. El fútbol tiene esa tendencia a las coincidencias que parecen escritas.

Y sin embargo, Messi nunca jugó un partido oficial contra Inglaterra. En sus seis Mundiales, en más de dos décadas con la camiseta albiceleste, los caminos no se habían cruzado. Este miércoles en Atlanta será la primera vez.

Sobre si en este partido juega la imagen de Maradona, la respuesta más honesta es que no, o al menos no de la manera en que se plantea habitualmente. Messi ganó el Mundial en 2022, tres Copas América, el Balón de Oro en cantidades que dejaron de contarse. No necesita este partido para que su lugar en la historia esté asegurado. Lo que sí existe —y es distinto— es que el partido contra Inglaterra en un Mundial tiene para Argentina una carga que ningún otro tiene. No porque Messi lo necesite, sino porque el cruce en sí mismo activa una memoria colectiva que trasciende a cualquier jugador. Maradona no está, pero la historia que él protagonizó sí. Y Messi va a jugarla por primera vez.

Del otro lado, Inglaterra llega con Jude Bellingham como motor y figura. Un dato que la prensa inglesa prefiere no resaltar: Bellingham es el primer jugador en marcar dobletes en dos partidos eliminatorios consecutivos desde Maradona en 1986. El mismo Mundial, el mismo rival. El fútbol no tiene pudor con las ironías.

Para Argentina es la tercera semifinal de sus últimas cuatro copas del mundo. Para Inglaterra, llegar a una final sería la primera vez desde 1966 —el año de Wembley, el año de Rattín, el año donde empezó todo esto. Sesenta años después, en Atlanta, las dos selecciones vuelven a mirarse.

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