Las autoridades identificaron a Ernesto Daniel Villalba Meza, alias «Osvaldito», como el presunto líder de una nueva generación del autodenominado Ejército del Pueblo Paraguayo. Hijo de los fallecidos referentes históricos Osvaldo Villalba y Magna Meza, tendría entre 20 y 21 años y la inteligencia oficial lo vincula al ataque de Naranjito. Se trata, por ahora, de una hipótesis en investigación.
El Gobierno puso nombre y apellido a quien considera la nueva figura al frente del autodenominado Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP). Las autoridades señalaron a Ernesto Daniel Villalba Meza, alias «Osvaldito» —también mencionado como «Danielito»—, como el presunto líder de una camada joven del grupo armado que se habría instalado en el departamento de Canindeyú.
Según la versión oficial, el joven tendría entre 20 y 21 años y es hijo de dos referentes históricos de la organización: el fallecido Osvaldo Villalba y Magna Meza. La inteligencia estatal lo vincula al ataque contra el Puesto Policial N.° 4 de Naranjito, en el distrito de Ybyrarobaná, donde fueron asesinados dos suboficiales y un civil. Desde el Gobierno no se descartó que el atentado haya funcionado como una suerte de «bautismo de fuego» del joven al frente de la estructura, aunque se trata de una hipótesis que la investigación aún debe corroborar.
De acuerdo con la versión oficial, Villalba Meza habría nacido en un campamento del EPP, en la zona limítrofe entre los departamentos de Concepción y San Pedro, y crecido en la clandestinidad de los montes. Habría salido del país de forma clandestina y sido criado por su abuela en Argentina, para luego regresar durante su adolescencia e incorporarse a la lucha armada en la que ya participaban su padre, su madre y otros familiares.
Las autoridades sostienen que se trata de una «nueva camada» de integrantes ideologizados desde temprana edad, que hoy operarían en zonas boscosas. Un dato ilustra las limitaciones de la persecución: según fuentes oficiales, la única fotografía con la que cuentan las autoridades corresponde a cuando el joven todavía era menor de edad, ya que no existirían imágenes recientes. En cuanto a sus antecedentes, la versión oficial lo vincula a hechos de gravedad atribuidos al grupo en años recientes, entre ellos episodios de secuestro y cautiverio de víctimas en la zona norte. Estos señalamientos forman parte de las imputaciones de las autoridades y no de condenas judiciales firmes.
Desde el Ejecutivo se enmarcó la aparición de esta figura en un proceso de reorganización del EPP tras la caída de sus principales cabecillas. Según ese diagnóstico, el Estado logró contener la amenaza original y forzó al grupo a migrar de zona y a asociarse con otras bandas delictivas para subsistir. En esa línea, la célula que ahora operaría en Canindeyú —estimada por la inteligencia en entre 20 y 30 integrantes— habría llegado desde el norte del país. Las autoridades remarcaron que los cuadros fundacionales de la organización están, a su criterio, prácticamente desarticulados: los referentes originales se encuentran presos o abatidos, y la estructura actual sería una fracción reducida, muy distinta de la organización de sus primeros años, presuntamente encabezada por este joven.
La reaparición del grupo generó repercusión política. Desde el oficialismo, el senador Basilio «Bachi» Núñez sostuvo que el episodio constituye una alerta de que el EPP sigue activo y atribuyó su reagrupación a la gestión de administraciones anteriores. El hecho también motivó pronunciamientos de gremios policiales: la Asociación de Policías del Alto Paraná repudió el atentado y expresó su acompañamiento a las familias de los dos suboficiales y del civil asesinados en Naranjito.



