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jueves, junio 4, 2026

Asunción se percibe más de derecha que de izquierda, según encuesta del CIIS

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La encuesta del Centro Interdisciplinario de Investigación Social (CIIS) muestra en Asunción una ciudad inclinada hacia la derecha, con un centro pragmático de gran peso y una izquierda minoritaria. Pero el dato decisivo es otro: uno de cada cinco ciudadanos no se reconoce en la escala clásica izquierda/derecha, señal de un electorado desanclado ideológicamente y más sensible a promesas de gestión, orden y calidad de vida que a identidades doctrinarias.

A partir de la escala de auto-ubicación ideológica relevada en Asunción, sobre una muestra de 1.700 casos, se configura un mapa político que admite una lectura sociológica más rica que la mera suma de porcentajes. El termómetro ideológico no solo ordena preferencias, sino que expone climas culturales, formas de relación con la política y límites estructurales de ciertos discursos.

Desde una mirada de sociología política, el primer rasgo que emerge con claridad es la debilidad estructural de la izquierda en el espacio urbano asunceno. El 10,2% que se ubica entre los valores 1 y 4 aparece no solo como una minoría cuantitativa, sino como un segmento relativamente cerrado sobre sí mismo, sin evidencias de proyección hacia el centro. No se observa aquí una izquierda difusa o transversal, capaz de permear imaginarios más amplios, sino más bien una subcultura política con fronteras claras y capacidad de interpelación limitada fuera de sus núcleos tradicionales. En términos culturales, esto indica que la izquierda no logra constituirse como horizonte normativo dominante ni como lenguaje común de la ciudad.

En contraste, el centro ideológico, concentrado en el valor 5 con un 29,9%, adquiere un peso decisivo. Este dato no debe leerse como indiferencia política ni como ausencia de preferencias, sino como expresión de una moderación pragmática. En contextos urbanos como Asunción, el centro suele funcionar como un espacio de resguardo frente a la polarización, donde conviven escepticismo ideológico, valoración del orden institucional y disposición a aceptar cambios graduales. Más que una posición doctrinaria, el centro expresa una actitud: la preferencia por soluciones concretas antes que por grandes relatos, y por liderazgos que transmitan eficacia más que identidad.

La derecha, entendida como el tramo del 6 al 10, reúne el 39,0% del total y se consolida como el bloque ideológico más amplio entre quienes se auto-ubican. Sin embargo, su relevancia no reside únicamente en el volumen, sino en su heterogeneidad interna. La distribución a lo largo de varios valores muestra que coexisten posiciones moderadas con otras más firmes o identitarias. Sociológicamente, esto sugiere una penetración cultural extendida de valores asociados al orden, la estabilidad, la meritocracia y la desconfianza frente a proyectos percibidos como disruptivos. No se trata de una derecha homogénea ni necesariamente ideologizada, sino de un campo amplio donde conviven sensibilidades distintas bajo un mismo eje general.

Un elemento central del gráfico es el 20,9% de No sabe/No responde, que no puede ser leído como un simple residuo técnico. Este segmento expresa un desanclaje ideológico significativo. Lejos de indicar apatía pura, suele reflejar distancia respecto del lenguaje clásico izquierda–derecha, fatiga con las etiquetas políticas o una relación instrumental con la política basada en problemas concretos. En sociedades con baja densidad de identidades ideológicas fuertes, este grupo tiende a ser volátil y altamente sensible al clima, a la credibilidad de los actores y a la percepción de competencia en la gestión.

En conjunto, el termómetro describe un clima ideológico asimétrico. La izquierda aparece como minoritaria y culturalmente contenida, la derecha como el polo más extendido, y el centro como el verdadero espacio de legitimación política. No hay signos de polarización extrema, sino más bien una hegemonía moderada, donde las tensiones son menos doctrinarias que culturales y prácticas. La modernización urbana de Asunción no parece haber producido una radicalización ideológica, sino una preferencia extendida por la estabilidad, el orden institucional y las soluciones graduales.

Finalmente, desde la sociología política, este mapa sugiere que la dinámica decisiva de la ciudad no se juega en los extremos del eje, sino en la capacidad de traducir demandas cotidianas -servicios, gestión, seguridad, calidad de vida- en marcos simbólicos comprensibles y creíbles para el centro y para los sectores ideológicamente difusos. Es allí, en ese espacio intermedio y muchas veces silencioso, donde se define la política real de Asunción

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