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viernes, junio 5, 2026

Comepar en Areguá: USD 25 millones que alimentan el futuro

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En 2012, Comepar abastecía a 8.000 niños. Hoy alimenta a más de 1,1 millones de estudiantes en todo el país. El pasado 16 de abril inauguró en Areguá una planta de producción de alimentos con una inversión de 25 millones de dólares, capacidad para procesar más de 100 toneladas diarias y producir hasta 300.000 raciones por jornada. Cada plato se elabora y se distribuye el mismo día. Ninguno se almacena. Ninguno llega frío.

 

El presidente Peña encabezó la inauguración junto al vicepresidente Alliana, el ministro de Educación Luis Ramírez, el de Desarrollo Social Tadeo Rojas y el jefe de Gabinete Javier Giménez. La presencia del más alto nivel del Ejecutivo en una planta de alimentos tiene un significado que trasciende la foto protocolar. El gobierno está diciendo que la alimentación escolar es política de Estado, que Hambre Cero es una prioridad que no se negocia y que el sector privado que apuesta por Paraguay tiene respaldo institucional.

Miguel Cardona, propietario de Comepar, recordó que tomaron como referencia el modelo estadounidense del National School Lunch Act, firmado por el presidente Truman en 1946, que estableció la alimentación obligatoria en todas las escuelas. La premisa es sencilla. Un país que quiere crecer necesita educar. Y un sistema educativo que funciona necesita alumnos que lleguen al aula con el estómago lleno.

La planta de Areguá es una de las más avanzadas de Sudamérica en su rubro. Cuenta con tecnología de última generación en procesamiento y conservación, laboratorio propio para análisis microbiológicos, planta de tratamiento de efluentes con tecnología de lodos activados y sistemas de flotación por aire disuelto desarrollados por Fabripar, una empresa paraguaya. Ese detalle importa. La tecnología ambiental que opera en esta planta fue diseñada y construida por manos nacionales.

Comepar emplea a más de 3.000 personas de manera directa e impacta indirectamente a más de 11.000 a lo largo de su cadena de valor. La ubicación en Areguá dinamiza la economía local de toda la zona de Capiatá, Itauguá y el corredor central. Cada ración que sale de esa planta lleva un porcentaje mínimo del 10% de insumos de producción nacional, lo que conecta el programa de alimentación escolar con la agricultura familiar y con los pequeños productores del interior.

El modelo operativo merece atención. Los alimentos viajan en cubas de acero inoxidable dentro de contenedores térmicos sellados que se abren recién minutos antes de servir en cada escuela. Es un sistema de catering centralizado que permite trazabilidad total, estandarización y control sanitario en una escala que antes era impensable para Paraguay.

Javier Genez, presidente del directorio, lo expresó con claridad. La inauguración marca un antes y un después para la industria alimentaria del país. Comepar abastece hoy a casi 700 instituciones educativas en Central y Asunción, y la nueva capacidad instalada le permite proyectarse hacia una cobertura aún mayor.

Este es el tipo de noticia que debería ocupar las portadas. Una empresa paraguaya, fundada hace apenas 14 años, que invierte 25 millones de dólares de capital privado, que genera miles de empleos formales, que incorpora tecnología ambiental desarrollada en el país y que tiene como cliente principal al programa social más importante del gobierno. Esa articulación entre sector público y sector privado es exactamente lo que el Paraguay necesita multiplicar.

El programa Hambre Cero alimenta a más de un millón de niños cada día lectivo. El Banco Mundial lo destacó la semana pasada como uno de los pilares de la reducción de la pobreza en Paraguay. La planta de Comepar en Areguá es la infraestructura física que sostiene esa política pública. Es fierro, acero, tecnología y trabajo paraguayo convertidos en comida caliente para los hijos de las familias que más lo necesitan.

Cardona tiene razón cuando dice que un país sin educación no puede desarrollarse y que la educación sin alimentación no es viable. Paraguay está resolviendo las dos cosas al mismo tiempo. Y lo está haciendo con inversión privada, políticas públicas claras y una visión de largo plazo que ya muestra resultados verificables.

Treinta meses de construcción. Veinticinco millones de dólares. Trescientas mil raciones diarias. Más de tres mil empleos. Esos números cuentan la historia de un Paraguay que crece con las manos en la masa.

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