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lunes, junio 22, 2026

La casa propia como política de Estado

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Che Róga Porã 3.0 confirma que el Gobierno de Santiago Peña ha decidido convertir el acceso a la vivienda en una política económica y social capaz de acompañar las transformaciones reales de la sociedad paraguaya.

 

Durante demasiado tiempo, la casa propia quedó atrapada entre dos extremos igualmente insuficientes: la respuesta focalizada para los sectores de mayor vulnerabilidad y el crédito bancario convencional reservado a quienes podían soportar tasas elevadas, plazos breves y exigencias patrimoniales difíciles de cumplir. En medio quedaba una amplia franja de trabajadores, profesionales, comerciantes y familias jóvenes que contaban con ingresos estables, pagaban alquileres considerables y, aun así, permanecían excluidos de una financiación razonable. Che Róga Porã nació para intervenir precisamente en ese vacío y su versión 3.0 demuestra que el programa posee una virtud poco frecuente en la administración pública: aprende, corrige y se amplía a medida que la demanda social revela nuevas necesidades.

La incorporación de familias con ingresos de entre seis y nueve salarios mínimos representa mucho más que un ajuste técnico en los criterios de elegibilidad. Reconoce la existencia de una clase media paraguaya que trabaja, produce y sostiene buena parte de la economía, pero que muchas veces queda fuera de las políticas sociales por ganar “demasiado” y fuera del mercado financiero por no disponer de capital acumulado. Para ese segmento, la tasa preferencial del 9,9% y el plazo de hasta treinta años reducen una barrera concreta frente a las condiciones habituales del sistema, donde las tasas para operaciones similares pueden ubicarse entre el 13% y el 15% y los plazos suelen ser sensiblemente menores. La diferencia se traduce en cuotas posibles, estabilidad familiar y capacidad de proyectar la vida más allá del próximo contrato de alquiler.

También resulta acertada la actualización de los montos financiables. El valor de la tierra, los materiales y la construcción ha cambiado, especialmente en Asunción, Central y el área metropolitana, y una política que mantuviera límites rígidos terminaría ofreciendo créditos incapaces de adquirir las viviendas disponibles. Elevar el financiamiento hasta 652 millones de guaraníes para el primer rango y habilitar montos diferenciados que pueden llegar a 797 millones en la zona metropolitana significa adaptar el instrumento público a la realidad del mercado sin abandonar su finalidad social. La política habitacional funciona cuando la ayuda estatal coincide con el precio efectivo de una solución digna, bien ubicada y compatible con las necesidades de una familia.

La creación de PRODESI–Che Róga Porã completa una arquitectura más inteligente. El acceso al crédito de los compradores resuelve solamente una parte del problema si la oferta de viviendas permanece escasa, cara o concentrada en segmentos de lujo. Al ofrecer financiación preferencial a desarrolladores inmobiliarios que construyan dentro del programa, el Estado interviene sobre la oferta, estimula nuevos proyectos y crea condiciones para que el menor costo financiero pueda trasladarse al precio final. Esta articulación entre la Agencia Financiera de Desarrollo, el Ministerio de Urbanismo, Vivienda y Hábitat, las entidades financieras y el sector de la construcción expresa una concepción moderna del Estado: orientar el crédito, reducir riesgos, ordenar incentivos y movilizar capacidades privadas hacia objetivos públicos.

Los resultados acumulados permiten afirmar que Che Róga Porã dejó atrás la etapa de la promesa. Más de 5.500 créditos y viviendas aprobados o en análisis, presencia en los 17 departamentos, 33 instituciones financieras vinculadas, más de 40.000 empleos generados o sostenidos y una movilización superior a 185 millones de dólares hasta mayo de 2026 muestran una escala que comienza a producir efectos sistémicos. La edad promedio de los beneficiarios, situada en torno a los 34 años, revela además que el programa llega al momento decisivo del ciclo familiar: cuando se forman hogares, nacen hijos y se define el lugar desde el cual una generación construirá su futuro. La vivienda deja entonces de ser un gasto mensual sin retorno y se convierte en patrimonio, arraigo y seguridad.

Ese pasaje del alquiler a la propiedad tiene consecuencias que exceden el ámbito privado. Una familia que accede a su casa consolida un activo, mejora su capacidad de ahorro, fortalece su vínculo con la comunidad y adquiere una base material desde la cual afrontar crisis o emprender nuevos proyectos. Cada vivienda moviliza mano de obra, materiales, transporte, servicios profesionales, comercio y equipamiento doméstico. El programa combina así justicia social y dinamización económica, dos dimensiones que con frecuencia fueron presentadas como opuestas, aunque en una economía bien orientada pueden reforzarse mutuamente. El gasto de una familia se transforma en inversión, mientras el crédito público moviliza cadenas productivas enteras.

Che Róga Porã 3.0 también expresa una forma de gobernar basada en la expansión gradual de una política que funciona. La primera versión abrió una puerta; la segunda incorporó nuevas modalidades y mayor flexibilidad; la tercera amplía ingresos, territorio, montos y oferta inmobiliaria. Esa continuidad evita el vicio de comenzar de cero con cada anuncio y permite construir institucionalidad a partir de resultados verificables. El Gobierno de Santiago Peña muestra aquí que la sensibilidad social puede traducirse en ingeniería financiera, coordinación administrativa y metas medibles, sin reducirse a transferencias ocasionales ni a discursos generales sobre el bienestar.

El desafío siguiente consiste en sostener el financiamiento, acelerar los procesos de evaluación, cuidar la calidad de las construcciones y promover proyectos integrados con transporte, servicios, escuelas y espacios públicos. Una política de vivienda alcanza su plenitud cuando produce ciudad y no solamente metros cuadrados. La ampliación hacia Asunción, Central y Presidente Hayes abre precisamente la posibilidad de ordenar el crecimiento metropolitano, estimular nuevos polos urbanos y acercar a las familias a oportunidades de trabajo y educación. La casa propia debe ser también una puerta de entrada a una vida urbana más digna, conectada y segura.

En un país que durante décadas naturalizó que miles de familias pagaran alquileres equivalentes a una cuota hipotecaria sin conseguir acceso al crédito, Che Róga Porã introduce una corrección histórica. El Estado deja de contemplar desde lejos la desigualdad financiera y utiliza su capacidad para hacer posible aquello que el mercado, por sí solo, reservaba a pocos. Con su versión 3.0, el programa se afirma como una de las políticas emblemáticas del Gobierno: convierte crecimiento en patrimonio familiar, crédito en empleo y estabilidad macroeconómica en una experiencia concreta dentro del hogar. La política adquiere sentido cuando la mejora de los grandes números termina teniendo techo, puerta y llave.

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