Paranaländer descubre de un tirón dos poetas de la sombra, Musset el franchute romántico y el decadente parawayensis López Decoud.
«Alfredo de Musset, Conferencia en el Gimnasio Paraguayo». Arsenio López Decoud, Imp. LA MUNDIAL, Asunción, 1917
Este libro, de un poco más de 50 páginas, transcribe la primera de las tres conferencias (Setiembre de 1916) sobre poetas franchutes (los otros eran Baudelaire y Verlaine)prometidas a los conspicuos gimnastas parawayensis, la que versa sobre Alfred de Musset (1810-1857), un hijo del siglo que al morir relativamente joven a los 47 años de una embolia (misma edad que el romántico negro Nerval) había dejado una astronómica deuda de burdel como corresponde al teko tarova de un dandy disipado quemado por la vertiginosa mixtura de cerveza, coñac y ajenjo (Pierre Louys fue un discípulo avanzado en cuanto a monos de burdel).Musset -ajedrecista, bibliotecario, académico que terminó olvidado en el siglo XIX y arrumbado en el siglo XX como poeta fácil, quejica, retórico y superado- merece en cambio una conferencia para el sobrino del Mariscal López (1868-1945).
Inicia timorato, lleno de escrúpulos, sintiéndose un desubicado, un tekorei hablando de poesía, locura, opio, hachís, en un recinto al parecer donde se peroraba sobre cosas útiles y predominantemente gua’u científicas. Y la época también jugaba en contra. Nuestro autor acababa de retornar de la barbarie -tal como define al destierro en un artículo de Letras-, tras la serie de revoluciones de Ferreira contra Escurra, de Gondra contra Ferreira, de Jara contra Gondra, etc.
Termina su exposición leyendo los poemas de Musset, alegando no haber hallado buenas traducciones al español.
Yo incluiría en la constelación de poetas de la sombra tanto al poeta franchute como al conferencista paraguayo junto a Apollinaire, Sadeq Hedayat y Adelbert von Chamisso.
La prueba para el primer caso está en su definición metafísica de la mujer:
«Una mujer es como vuestra sombra, perseguidla y huye devosotros, huid de ella y os perseguirá».
En el caso del nieto de Don Carlos Antonio, se pone en evidencia con la sorprendente anécdota con que cierra su presentación «gimnástica»:
«En una elegía de Musset, titulada Lucia, se leen aquellos conocidos versos en los que el poeta ruega a sus amigos planten, a su muerte, un sauce sobre su tumba. Su sombra, decía, será dulce y ligera a la tierra en que repose. Ese deseo quedó sin cumplirse hasta que un paraguayo ignorado, lo afirma Gómez Carrillo en uno de sus últimos libros, fue a París llevando desde aquí un sauce, que plantó al pie de la sepultura del poeta. Es un árbol aquel en el que, sin gran esfuerzo de imaginación, puede verse algo así como el espectro, la silueta de una mujer que, desfallecida de dolor, curvada sobre una losa sepulcral, deja caer en ella sus lágrimas mezcladas con las ondas de su cabellera fastuosa. Por este simbolismo lo escogió sin duda el poeta; por él, también, se lo tributó un compatriota nuestro. Bien está que sobre la tumba de Musset, un doliente sauce paraguayo gima al viento, con las tristezas de su muerte, las de esta tierra sinventura».
Arsenio López Decoud tuvo de maestro a Manuel Domínguez. Un anónimo lo clasificó como decadente. Fue 7 años senador del partido Colorado. Fundador de El Nacional para atacar al todopoderoso Jara. Editó el Álbum Gráfico. Fue intendentes de Asunción por un mes. Fue catedrático de el Colegio Nacional y en escuela campaña.



