José Emilio Urdapilleta desmonta la hagiografía de Eligio Ayala: sostiene que el “malogrado caudillo liberal” fue corresponsable de la guerra civil de 1922–1923, avaló un rescate bancario de 25 millones de pesos, minimizó los avances bolivianos en el Chaco y no dejó al país libre de deudas; apoyado en fuentes como Vittone, Teodosio González, La Tribuna y Ángel F. Ríos, llama a revisar críticamente el mito liberal construido en torno a su figura.
Por José Emilio Urdapilleta R.
Últimamente pululan textos y trabajos pretendidamente históricos pero que parecen ser más novelones disfrazados de historia, en los que se presenta al doctor Eligio Ayala (1879 – 1930) con tintes que se encuentran muy lejos de la realidad de este personaje histórico que tuvo sus brillos, sus claroscuros y sus penumbras, como muchos otros de nuestro país y que, sin embargo, no tienen tanta «buena propaganda» como la que recibe este «malogrado caudillo liberal».
Oriundo de Mbuyapey, Eligio Ayala nació un 4 de diciembre de 1879; fue presidente de la República del Paraguay en los años 1923 – 1928, salvo un breve interregno en ese lapso en el que Luís Alberto Riart ejerció la jefatura del estado. También tuvo importante carrera ministerial, especialmente en la cartera de Hacienda, que capitaneó en los años 1920 – 1923 y luego en 1928 – 1930. Fue además congresista en varios períodos presidenciales. Debemos añadir que demostró ser valiente durante las guerras civiles liberales en el Paraguay, en las que, según se dice, llegó a ver combates y alcanzó el rango de teniente de infantería.
No se cuestionan sus méritos estudiantiles e intelectuales pues «se hizo desde abajo». Primeramente, estudió en el Colegio Nacional de Encarnación; luego se pasó al Colegio Nacional de la Capital en donde obtuvo su bachillerato. Egresó como abogado de la Universidad Nacional de Asunción y realizó eso que hoy llamaríamos «posgrados» en Heidelberg (Alemania) y en Zúrich (Suiza), lugares en donde se especializó en economía y sociología. Se le atribuyen varios libros que, probablemente, ni siquiera sus propios «correligionarios» habrán leído. ¡Mal endémico en el Paraguay, en el que muy poca gente lee y la mayoría solamente se limita a repetir discursos!
Es habitual que los hagiógrafos de Eligio Ayala enrostren al vulgo, siempre incauto, los dizques «aciertos» que el mencionado dirigente liberal tuvo durante su presidencia en 1923 – 1928, y también como ministro de Hacienda. Principalmente, lo que se suele decir es que Eligio Ayala se encargó de «sanear las finanzas del país» luego de la calamitosa Segunda Guerra Civil del Paraguay (1922 – 1923) y que gracias a su administración, se adquirieron importantes armamentos que sirvieron a nuestra nación en la inminente Guerra del Chaco contra Bolivia (1932 – 1933), especialmente las tan mentadas cañoneras «Humaitá» y «Paraguay», tema del que también podríamos hablar largo y tendido con una visión muy crítica, pero escapa a las intenciones del presente artículo.
Lo primero que añadiremos al respecto es que Eligio Ayala fue uno de los responsables políticos de la Segunda Guerra Civil entre los liberales paraguayos, pues formaba parte del gabinete ministerial del presidente Manuel Gondra, hombre de floridas convicciones, lo que llamaríamos un «intelectual de cafetín» que caía bien por sus maneras y su elocuencia pero que siempre se demostró timorato, indeciso y débil a la hora de administrar al tumultuoso y gravemente enfermo «Paraguay Epiléptico», que no paraba de convulsionarse desde 1904 hasta 1940 en la denominada «Era Liberal» según el historiador estadounidense Paul H. Lewis (a lo que se tiene que añadir los casi ocho años del general Higinio Morínigo en la presidencia de la república, que fueron hechura de los mismos liberales a pesar de que fueron radiados del poder tiempo después). [Cfr. Paul H. Lewis: «Political Parties and Generations in Paraguay’s Liberal Era», págs. 7 – 8].
Una ventaja que tuvo Eligio Ayala y que aprovechan sus elogiadores es que, precisamente, el país quedó sumido en la fratricida y jamás justificable Guerra Civil de 1922 – 1923. ¡Y no hay mejor forma de hacer «borrón y cuenta nueva» que después de una escabechina como estas! ¿Cuál era la situación socioeconómica del país «antes» de la Guerra Civil de los Liberales? Podemos sospechar que «calamitosa» pues de lo contrario, ¡nadie querría una «Guerra Civil»! No se olvide que Eligio Ayala era de los «saco pucú» de Manuel Gondra, ministro de Hacienda de su catastrófico gobierno que terminó… ¡En Guerra Civil!
El coronel Luís Vittone escribió, como perfecto epígrafe de esta terrible y absurda matanza provocada por los liberales paraguayos que «la revolución trajo días de inmensa tragedia, miseria, sangre y anarquía al Paraguay, sin haberse justificado jamás sus causas o motivos por los cuáles el país fue sumido en un estado lamentable por los grandes perjuicios ocasionados a su economía y la pérdida de decenas de miles de vidas de sus compatriotas. Fue una lucha tenaz, encarnizada de dos facciones políticas que solo buscaban apoderarse del poder para apetecer ambiciones personales o partidarias. Entre tanto, Bolivia, aprovechando nuestro drama, seguía avanzando tranquilamente sobre nuestro territorio occidental. En el año 1923, había ocupado ya más de 200.000 km2 de nuestro Chaco ante la indiferencia de los gobiernos liberales». [Luís Vittone, «Dos Siglos de Política Nacional», pág. 335].
No obstante, algunas «perlitas» de la administración ministerial del «primer» Eligio Ayala nos quedaron registradas para la historia gracias a un liberal «saco mbyky» como lo fue el doctor Teodosio González, en su libro «Infortunios del Paraguay», que muchos buscan olvidar a pesar de que es una obra de varias ediciones y bastante exitosa, que por algo será.
Allí, el mencionado Teodosio González (con quien tengo diferencias) nos desgrana muchas «verdades del barquero» respecto al supuesto «gran administrador público» que habría sido el «malogrado caudillo liberal» de quien estamos hablando. Un ejemplo está en la emisión monetaria de 25.000.000 de pesos oro que el ministro Eligio Ayala solicitó (y se aprobó), que fue destinada para el «salvataje» de los bancos de España y de Paraguay que se encontraban en quiebra por la pésima situación económica del país. El doctor González publicó una filípica contra esa medida tan antipatriótica diciendo que «esos 25.000.000, extraídos a la angustia de este pueblo sufrido, debería emplearse íntegramente en construir una cárcel penitenciaria donde serán llevados todos los banqueros ladrones y dejarlos allí encerrados hasta que devuelvan el último peso robado a este pueblo». Por supuesto que se impuso la doctrina de Eligio Ayala, durante la presidencia de Gondra, y el paraguayo continuó pasando hambre mientras se endeudaba al país para ¡pagar a bancos usureros que estaban en quiebra pero que se habían llevado, anteriormente, cien millones de pesos oro de los ahorristas paraguayos con total impunidad! [Cfr. Teodosio González, «Infortunios del Paraguay», capítulo XVIII].
Omitimos citar muchos otros temas curiosísimos respecto al «gran pensador e intelectual» Eligio Ayala y recomendamos a nuestros lectores que adquieran el libro «Infortunios del Paraguay», en donde muchas otras cosas se relatan con lujo de detalles.
En cambio, sí me parece importante añadir que tal vez el coronel Luís Vittone pueda sentirse un poco más tranquilo «en el más allá», pues ahora, quizás sea yo quién le otorgue una explicación para la fratricida Guerra Civil de 1922 – 1923 que devastó al Paraguay. ¿Tal vez haya sido por la horripilante administración monetaria y económica del doctor Eligio Ayala en su rol de ministro de hacienda, que motivó a los sectores patrióticos y populares un levantamiento que terminó en sangrienta revolución fratricida?
Podría ser que los mismos liberales, por fin, puedan tener un motivo que explique a la terrible Guerra Civil de 1922 – 1923 para que ya no se diga más que fue un levantamiento completamente absurdo «por meros intereses sectarios y ambiciones de poder político», lo que flaquísimo favor les hace a los ojos de nuestra historiografía más seria y más cuidadosa. ¿Quizás habría sido su idolatrado Eligio Ayala el principal responsable de dicha rebelión que duró dos años, por el descalabro social que estaban causando sus políticas económicas y financieras?
Es solamente una conjetura, un planteamiento que propone este aficionado historiador para que alguna vez seamos un poco más meticulosos y más atentos a la hora de explicar los quehaceres políticos y los grandes desmadres que ocurrieron en nuestro país, que por lo visto, es vulgarmente «nietzscheano» hasta la médula cuando quiere reducir todo lo que acontece en el Paraguay como una simple «lucha entre voluntades de poderío». Pues, en mi caso, «yo le voy al Necaxa», como diría Ron Damón. ¡Hay que ser más creativos, echarle más sal y pimienta a la historiografía paraguaya!
Se me responderá, seguramente, que ese era el «primer» Eligio Ayala, pero el «segundo», en función de presidente de la República, demostró sus pretendidos quilates, ¿verdad? Lamento informarles que también esto puede ser sometido a la metódica duda. Véase, por ejemplo, lo que reportaba el periódico «La Tribuna» de Asunción, el 11 de agosto de 1928 al respecto de los últimos días de mandato del doctor Eligio Ayala:
«LA CUESTIÓN LIMÍTROFE: Durante los cuatro años transcurridos, Bolivia ha realizado avance dentro del territorio paraguayo del Chaco en proporción considerable, con violación del status quo, aproximándose al río Paraguay en ciertas direcciones. El gobierno del doctor Ayala se concretó a negar oficialmente tales avances, no hizo nada por detener el avance boliviano […]. Nada eficaz ha realizado en el sentido de colocar al país en condiciones de hacer respetar la integridad de su soberanía atropellada, en el terreno de los hechos. Hasta el momento, todo es promesa, engaño, ocultación sistemática […]. LA CUESTIÓN ECONÓMICA: No se ha impulsado el desarrollo de la producción económica con una sola medida de gobierno. La agricultura rinde lo que hace cuatro años; la ganadería en situación crítica. No se ha organizado el crédito agropecuario. La producción ha sido arrastrada al borde de la bancarrota. Los presupuestos, inflados en sus rubros de egresos, son totalmente improductivos. SÍNTESIS: Los cuatro años de gobierno que presidió el doctor Eligio Ayala y que ahora finaliza, han sido en sus líneas fundamentales, desastrosos para el país, en ciertos aspectos, y estériles en otros; la situación del problema de límites, gravísima para el país; la cuestión política interna, de subversión democrática; la cuestión económica-financiera, de anemia progresiva, de empobrecimiento general…». [Periódico «La Tribuna» de Asunción, 11 de agosto de 1928, editorial atribuida a Eduardo Schaerer].
De nuevo, se contestará a esto que el autor de dicho suelto o por lo menos, el director editorial del periódico en donde se publicó, era el ex presidente de la república don Eduardo Schaerer, antiguo «saco mbyky» y acérrimo opositor al gobierno de Eligio Ayala. ¡Lo que no pueden decir es que todo esto sea un «invento de la historiografía “stronista”» (la «vieja confiable» como diría el «meme»), atribuyéndole súper poderes al general Alfredo Stroessner cuando este hombre era todavía un niño!
Podríamos anotar muchas más cosas sobre la presidencia de Eligio Ayala, como la infame y atroz «Matanza de Puerto Pinasco», episodio que merecería un tratamiento aparte.
Dígase nada más que otro gran mito de la historiografía paraguaya reciente es que supuestamente, durante la presidencia de Eligio Ayala, el país se quedó «libre de deudas». Esto es falso y se puede colegir de un apologista liberal como lo fue el doctor Ángel F. Ríos, quien nos cuenta en primer lugar que, en aquellos años, «la pobreza del Paraguay se debe a su escasísima producción… Nuestros agricultores no cultivan ni la cantidad suficiente para su propia alimentación». A eso, según el mismo autor, se sumaban las graves enfermedades endémicas en la empobrecida población como la anquilostomiasis, las giardiasis, y la falta de buenos recursos para enfrentar estos terribles dramas sanitarios. [Cfr. Ángel F. Ríos, «La Defensa del Chaco. Verdades y mentiras de una victoria», págs. 335 – 353].
Pero, al respecto de la deuda, el mismo Ángel F. Ríos nos relata que durante la presidencia de Eligio Ayala, en cifras redondeadas, se pagaron 41 millones de pesos (deuda no consolidada) pero quedaron pendientes de abonarse unos 86 millones de pesos (deuda consolidada), de los que fueron cancelados (en concepto de intereses al 6%) unos 45 millones de pesos en los años 1924 – 1932; esto significa, palabras más y palabras menos, que sin contarse a los intereses ni a otros endeudamientos posteriores, el Paraguay debía más de 41 millones de pesos de la época cuando concluyó la presidencia de Eligio Ayala. ¡Esperamos que nadie acuse de «stronista» o de «colorado fanático» al doctor Ángel F. Ríos, de quien se extrajeron estos números! [Cfr. Ríos, ibídem., pág. 83].
Es allí cuando alcanzamos la época del «tercer» Eligio Ayala, en su rol de ministro de hacienda durante la presidencia de José P. Guggiari. Estas políticas económicas continuaron y aunque hay mucho más por agregar, lo que nos queda es relatar la desgraciada muerte que tuvo el personaje de quién estamos hablando, tema en particular que nos llevó a denominarlo «malogrado caudillo liberal» en el inicio de este artículo.
Eligio Ayala nunca contrajo matrimonio. Sin embargo, se le conocieron muchas amantes y pretendientes, entre las que se cita a Rosaura González, Candelaria Duplán e Hilda Díez. Por otra parte (según doña María Eugenia Garay), el doctor Eligio Ayala pretendía contraer matrimonio con una de las hijas del millonario ex presidente de la república Emilio Aceval; este proyecto conyugal fracasó estrepitosamente, según las malas lenguas porque la pretendida de Eligio Ayala no lo quería «porque era muy petiso», y Ayala nunca se habría recuperado de ello.
En cambio, su tempestuosa relación con Hilda Díez es harto conocida. Esta señorita, del interior profundo de nuestro país, vino hasta Asunción del Paraguay cuando todavía era una tierna adolescente, junto a otra niña más pequeña que ella, y ambas fueron «criaditas» del doctor Eligio Ayala. Es un enigma «guardado bajo siete llaves» el saber desde cuándo empezó la relación sentimental entre Eligio Ayala y Hilda Díez pero lo cierto es que ella «se independizó» y el ex presidente de la República, entonces ministro de hacienda, regaló una casa a su queridita.
Allí, en esa misma casa, se produjo el trágico suceso, las «horas terribles» de Eligio Ayala, quien encontró encamados a Hilda Díez y a su nuevo novio, Tomás Bareiro. Enfurecido, Ayala cometió el homicidio de Bareiro y recibió a su vez cuatro tiros fatales de un arma de fuego que el mismo Eligio Ayala habría regalado a Hilda Díez para su protección personal. ¿Fue su antigua «criadita» quien lo liquidó, en legítima defensa, para salvarse de morir? ¿O fue el asesinado Tomás Bareiro quién le propinó los letales plomazos? Eso nunca quedó esclarecido del todo, como muchas historias e historietas del Paraguay. Lo cierto es que este triste episodio representó el patético final del doctor Eligio Ayala, quien agonizó por causa de la grave hemorragia que le provocaron los tiros que recibió y murió el 24 de octubre de 1930 en Asunción.
Dije que Eligio Ayala fue un hombre con luces y con sombras, lo que es innegable. Sin embargo, llama la atención que por cuestionamientos muchísimo menores que los que mencionamos en este artículo (y son solo algunos de un auténtico rosario que existe al respecto), varias figuras de relevancia en nuestra historia suelen recibir todo tipo de filípicas y de imprecaciones. Empero, con el doctor Eligio Ayala, parece que cualquier cosa, por infinitesimal que sea, sirve como justificación y como permiso para el ocultamiento y para los disimulos en su pretendido favor. ¿Por qué será?



