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lunes, marzo 16, 2026

El gusano del Este

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Mario Benedetti, en uno de sus célebres haikus, escribió que “la mariposa recordará por siempre que fue gusano”. Y el pueblo de Ciudad del Este también recuerda la trayectoria de Javier Zacarías Irún, figura degradada de la política nacional que, igual que el personaje de Andersen, aunque en versión de reyezuelo barrial, cree vestir una indumentaria invisible mientras en realidad camina desnudo por las calles, generando risa, mofa y escarnio público.

 

La historia de Javier Zacarías puede considerarse como un accidente del poder que terminó intoxicando al propio organismo que lo cobijó. Figura descollante del panteón de los traidores del Partido Colorado, en 2008 fue el brazo ejecutor del luguismo, un colaboracionista del caos que sobrevino en el Paraguay durante el periodo del exobispo. Desde entonces, sobre todo para su ciudad, su nombre pasó a significar la intriga estéril, dedicado a conspirar sin dejar otra huella que el deterioro y la pus del desprestigio.

Ciudad del Este, fundada por el Partido Colorado y levantada por generaciones de afiliados que entendieron al partido como un vector de modernización, padeció con el anélido del Este lo que significa ser devorada desde adentro. La voracidad de este deglutidor serial del erario público quedó expuesta con la intervención municipal que, en 2019, terminó con la destitución de su esposa. Bajo su mando fáctico, la Municipalidad de Ciudad del Este dejó de funcionar como una institución pública para operar como una estructura orientada al desvío sistemático de recursos. Contrataciones amañadas, pagos sin respaldo, obras sobrefacturadas o inconclusas, uso discrecional del presupuesto y una desobediencia persistente a los mecanismos de control no fueron anomalías aisladas, sino la matriz misma de su gestión.

Pero el daño de Javier Zacarías Irún no se agota en los desórdenes administrativos de su clan. Hizo algo peor, envenenó el sentido de pertenencia del pueblo colorado esteño. Tan aplastante fue su predominio en el Este que incubó la decadencia local del Partido Colorado. Recordemos que en 2023, Alto Paraná fue el único departamento donde el partido no logró imponerse en una elección nacional que, en el resto del país, se ganó con contundencia bajo el liderazgo de Santiago Peñay Horacio Cartes. Convirtieron a un histórico bastión colorado en el laboratorio del desgaste y el fracaso electoral, hechos que no podrían ser revertidos ni con 10 hidroeléctricas y 200 plantas de energía nuclear, tal como lo demuestran los hechos recientes.

Hay hombres que, con sus aciertos y también con sus errores, con sus victorias y derrotas, forman parte de la historia grande del Partido Colorado. Desde el militante que persevera aun en la adversidad y encarna una idea de redención ligada a la doctrina colorada, hasta los presidentes que, con sus decisiones, dejaron reformas estructurales que marcaron al país. Y hay otros que no hacen historia, sino reproducen hechos de la naturaleza. Que no construyen obras para el pueblo ni dejan legado político alguno, porque están dominados por una voracidad elemental que no trasciende el corto ciclo del beneficio propio. Esos no pertenecen a la historia del partido ni de la nación, sino a una zoología política donde el instinto reemplaza al proyecto y la rapiña suplanta a la idea de futuro.

El pueblo esteño no olvida, porque no puede darse ese lujo. Pagó caro el aprendizaje. Aprendió que hay dirigentes que representan a un partido y otros que lo parasitan. Que hay nombres que convocan y otros que espantan. Que hay tsunamis que no vienen de la naturaleza sino de la insaciabilidad humana, como caracteriza a este actor olvidable de consecuencias que siguen golpeando hasta hoy al Paraguay. Y esa es su condena más pesada, no la judicial, que puede tardar y seresquiva, ni la electoral, siempre variable en democracia, sino la social. La condena silenciosa que recae sobre una ser humano que no puede habitar su propia ciudad, salir a las calles a caminar sin miedo de ser repudiado y que le reserva el lugar que la literatura suele dar a ciertos personajes menores: el del ejemplo negativo que se cita para recordar hasta dónde no se debe volver nunca más.

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