Paranaländer, hábitué de librerías de usados, se dio de narices con un libro conceptual que crece a la sombra del Cantar de Salomón.
Luis Resquín Huerta (1902-1964), fue un poeta concepcionero, que escribió en la revista Juventud y el diario El Orden. En 1951 publicó Cantos a Sulamita (El Arte S.A.).
Tiene la particularidad que, de sus 30 poemas, solo uno no esté encabezado por un epígrafe del Cantar de los cantares, «Shir Ha-shirim». Como es fama, se atribuye la autoría de este poema amoroso a Salomón (Shelomoh, el pacífico), siglo X a.C., hijo del rey David y tercer rey de Israel y de Judá. Forma parte de la sagrada Escritura de los judíos, específicamente de los Ketubim (siglo II a.C.), a su vez uno de los cinco libros agrupados bajo el título de megillot.
Como en el canto kraho, el libro hebreo no da indicaciones de cuándo deja de hablar un personaje para que empiece otro, ni qué personaje dice algo en concreto, la clasificación de los parlamentos presenta un problema difícil.
En las Liminares, Resquín define su obra como el libro de su vida. Dedicada a Emma González Dávalos, su hash-Shulammit.
Una lectura posible es leer el libro como un pequeño diario. El poema El encuentro de hecho está fechado abril 21 de 1941.
“Dos curvas luminosas que se encuentran
En el espacio y tiempo “.
O el poema Emma, con motivo del fallecimiento de la madre de su esposa.
En el poema Calle Colón aparece una de las dos únicas palabras en guaraní.
“Por esa calle de Dios
Como chiquillos traviesos
Que jugando al tucae…”.
En Sulamita se va, se recuerda el viaje de la esposa sacra a Caacupé para asumir la profana labor de directora de escuela.
Todos los poemas brotan ligeros -libres de métrica- y alcanzan el vuelo de la mariposa -alma del poeta- por el élan candoroso de las rimas o la serenidad metafísica del poema en prosa.
“Hay una luz interior que alumbra nuestro sendero, y como el cocuyo, la luciérnaga ideal de nuestra vida, va despertando en nosotros mismos una inefable curiosidad por lo que ha de ser”. (Párrafos a Sulam)
La lectura más suculenta es sumergiéndose en una suerte de baño hierogámico, en esos poemas en que a través del cuerpo de la amada vislumbramos a la terrible Shekinak, esposa celestial del esoterismo judío.
“Tu cuerpo es vibración y verso y fuego …
Tus carnes son mil rosas que palpitan …
Si tu carne de sol me contagiara…
Le contaré a tus carnes mis canciones …”.
(Tu cuerpo).



