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jueves, junio 4, 2026

La tumba de López 

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Paranaländer da una vuelta por las sierras cordobesas para terminar recalando en las fronteras que aún guarecen según el mito la tumba de López.

 

“Silencio. La tarde azul caía sobre el matorral intocado de Cerro Corá. El matorral allí desde el inicio de los tiempos. Y, desde 1870, al final de la cruenta y sanguinaria Guerra del Paraguay, también allí, cavada con las manos por Madame Lynch, la esposa eterna, la tumba del Mariscal Francisco Solano López. Muerto con certero golpe de lanza, bien en el centro del corazón, por el demoníaco brasileño Chico Diablo.

Bien próxima, no más que treinta metros, la tumba de Panchito López, el hijo del Mariscal y Madame Lynch, tumba igualmente cavada con las manos en carne viva por la madre, alucinada, bajo los harapos de una guerra para siempre perdida.

Con delicadeza y concentración, arranqué, del matorral virgen de Cerro Corá, un lirio salvaje, y lo dejé, reverente, sobre la tumba de López. Y una blanca y desconocida flor, pequeñita, grupal, que deposité, con la misma reverencia, en la sepultura del ayudante-de-órdenes, e hijo del Mariscal, el coronel Panchito López. Muertos ambos allí, en Cerro Corá, en la vergonzosa y sanguinaria humillación que impusimos, el ejército imperial brasileño, a las andrajosas y hambrientas fuerzas paraguayas, desde hacía mucho tiempo vencidas.

Pero el siglo XIX fue el peor de los siglos brasileiriños. No bastó la derrota militar, el afectado Conde D’Eu, esposo de la princesa Isabel de Orleans y Bragança, comandante de nuestro (inmenso) contingente militar, hizo valer contra los “enemigos”, más allá de la derrota en el campo de batalla, la deshonra, la vergüenza, el ultraje. Algo así como matar y escupir encima. Y después secarse, con un pañuelo de seda, el sudor de las manos”.

Este maravilloso fragmento es parte de “Diario de frontera” (2010, Babel editorial, Córdoba), de Wilson Bueno (1949-2010). Traicionado por Federico Racca.

Bueno es célebre por libro “Mar paraguayo” (1992), donde mixtura alegremente portugués, castellano y guaraní. Fue uno de los cerebroebrios del jornal curitibano Nicolau (1987-1998) junto a Josely Vianna Baptista, entre otros, donde dieron mucha bola al Paraguay con notas sobre Jorge Kanese, Livio Abramo, Miguel Chase Sardi, Natalia Krivoshein y Luli Miranda. Gran amistad les unió con Luli Miranda, psicóloga y profesora de lengua guaraní, quien asesoró a ambos escritores paranaenses en el abordaje de la lengua guaraní.

Todo el hermoso diario de la frontera fue escrito a bordo del coche -suerte de la ñandu guasu motorizado- de su compadre Douglas Diegues. Desde allí nos fotografía al gavilán de los moluscos, la coral en flor o mboichumbé (de cuyo veneno sólo protege la Virgen hovy de Caacupé), el gato de cinco patas y dos colas, el té del chino que aplaca el ipochy, el caracol gigante llamado por los indios guaraníes de guatapí, la novia fantasma vislumbrada en la neblina vivificante de la ciudad-cactus o sea Pedro Juan Caballero, los mbiyå de Punta Porā, fumando en el ínterin la flor del Pantanal.

 

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