Paranaländer descubre que una de las manías del más supersticioso de los escritores cariocas, Paulo Coelho, ha sido Paraguay.
Paulo Coelho tiene 4 palabras tabú, palabras yeta: Fernando Collor (expresidente), Zélia Cardoso de Mello (ministra de Hacienda de aquél), Adalgisa Ríos (una de sus tres parejas sentimentales) y Paraguay.
El motivo de esta columna es contar la desafortunada aventura que llevó a tal proscripción a nuestro país.
Antes debo decir que llegué a tal historia cuando andaba husmeando cómo viajar a Rio desde Asunción por tierra. La ruta que pillé es Asunción – Curitiba – Río. ¡La misma que empleó Coelho en 1969 para volver a sus pagos!
A finales de 1969 Paulo Coelho escribía para el teatro y vivía con su amante yugoslava Vera Richter (pequeña, rubia y elegante) en un lugar que se había convertido en un referente del movimiento contracultural de Río a finales de los años 60: el Solar Santa Terezinha. Ella en principio, cuando se conocieron en el Teatro Carioca, le llamó de Profesor Abronsius (era feo, de enorme cabeza oscilando sobre un cuerpo endeble, labios abultados y ojos salones, idéntico al personaje del mismo nombre de ‘Danza de vampiros’, peli de 1967), pero posteriormente al descubrir su encanto, vivir en las nubes siempre sin pisar tierra, lo consideró un Don Quijote.
“A mediados de agosto, la selección brasileña de fútbol iba a jugar contra Paraguay en Asunción en una eliminatoria para el Mundial, cuya final se celebraría en México en 1970. Aunque no le interesaba mucho el fútbol, un domingo, Paulo emocionó a su novia extranjera llevándola a un partido entre Flamengo y Fluminense en el abarrotado estadio Maracaná. Vera quedó fascinada y empezó a interesarse por el deporte, y fue ella quien sugirió que viajaran a Paraguay para ver el partido. Paulo ni siquiera sabía que Brasil iba a jugar, pero le encantó la idea y empezó a hacer planes”.
Los casi 2000 kilómetros hasta Asunción fue un viaje maratónico en el que Vera se turnó en la conducción – de su escarabajo blanco con chapa Guanabara- con el músico y dentista Antonio Carlos Kakiko Días, ya que Arnold Bruver Jr., tampoco sabía conducir como Paulo.
El plan era hospedarse en Asunción, en casa de una novia paraguaya del padre de Kakiko Dias.
En la fría y soleada mañana del jueves 14 de agosto, partieron a Asunción parando en Registro (para pernoctar) y Cascavel, donde el escarabajo se descompuso, completando el viaje en bus hasta Foz de Iguaçu y de allí en otro bus llegaron por fin a Asunción.
Inmediatamente después de instalarse en casa de la novia del padre de Kakiko, descubrieron que todas las entradas para el partido se habían agotado, pero no les importó. Pasaron el fin de semana visitando tribus de indígenas guaraníes en las afueras de la ciudad y haciendo tediosos paseos en bote por el río Paraguay.
Si el viaje de ida tuvo dos percances importantes: a) la pérdida del bolso y la mochila de Vera con todo su contenido: dinero, tarjeta de conducción y documentos del vehículo y personales, y b) el desperfecto del escarabajo, el regreso fue de terror. Terminaron presos en Ponta Grossa al ser confundidos con un grupo de tres jóvenes y una chica, guerrilleros que asaltaron un banco y tras matar a alguien en la refriega, huyeron en un escarabajo blanco.
Desde entonces Paraguay produce escalofríos en el autor de El alquimista.
Se dice que al fin muchos años después, décadas más bien, pudo vencer esa superstición. Entonces sacó la camisa de ao poi azul, regalo de su madre que la había comprado en un viaje a Asunción, y que nunca se había puesto.
Al usar esa camisa de Paraguay, quería, sobre todo, demostrarse a sí mismo que se había liberado de sus manías esotéricas, tal como lo cuenta su biógrafo Fernando Morais en La vida de un guerrero (009), que hemos usado como fuente para exhumar el pequeño y simpático vinculo entre Paraguay y el best seller brasileño.



