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martes, julio 21, 2026

Paseo a la tumba de un cerebro de la Paz del Chaco

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Paranaländer paga deuda con uno de los ideólogos principales de la Paz del Chaco peregrinando hasta su tumba olvidada entre los espinillos de las sierras cordobesas.

 

Un martes de mañana glorioso, con el cielo azul cerúleo de Unquillo, en la Sierra chica de Córdoba, partimos en el coche a gas de mi partner Racca, artista agit-prop incansable de estos pagos de Fray Grenón, en busca de la tumba de un prócer tapado de la Paz del Chaco.

La gringa, media costilla de mi Virgilio, me había llenado la mochila macá de sándwiches y cervezas en lata espesas como el caldo de Gargamel.

Una vecina calculó una subida a pie de un kilómetro hasta el panteón buscado. El coche fue estacionado con suspicacia junto a la tranquera de hierro, que salvamos como chiquillos de escuela a pesar de nuestras barrigas pantagruélicas.

El camino pedregoso, cubierto de hierbajos y yuyos de toda laya, alpatacos, los cardos como hombres y los espinillos, alcanforado de aromas silvestres, encantatorios, cruzado de signos ornitológicos de rama en rama, de árbol a árbol, todo en su conjunto teniendo como bajo continuo el rumor invisible del enjambre de insectos dentro de este infatigable mar vegetal. Mi corazón hipertenso según ciertos electrocardiogramas, sostenido x una lata de cerveza, soportó tranki la primera arribada, se relajó en la primera bajada, resopló en la segunda pendiente, se meó de gozo en la siguiente hondonada tras un primer recodo… No fuimos atacados x fieras o víboras, los impedimentos iban del orden de resbalar en una piedra suelta, ser zancadilleados por alguna liana, ser cagados por un zorzal de pico naranja, azotados por el tupido velo verde que rompíamos con el solo gesto brusco de nuestras manos. El sol nos energizaba y cegaba al mismo tiempo, tal como la continua música concreta del entorno nos ensordecía a cada paso.

La media hora de caminata al final del último recodo nos depositó en una hondonada agitada por los ladridos enloquecidos de una jauría de perros. Eran los cancerberos que cuidaban la tapera de algún difunto amo o, quizá mejor. que el cementerio viejo de San Francisco de Asís no sea profanado por ningún ladrón de bronces. El cementerio tiene paredes a la cal –recuerdo de los tuberculosos. Al fondo está el Pan de Azúcar, al norte Las Ensenadas y el boliche de la Chicha Méndez y, más allá, el Cerro del Pico Quebrado presidiendo Cabana.

Hasta este muro animal llegó el improvisado paseo concebido como ofrenda a esta tumba olvidada y hundida entre los matorrales que pertenece increíblemente a un genio del derecho internacional y que fue el cerebro de la Conferencia de la Paz del Chaco. Se trata de Daniel Antokoletz.

Daniel Antokoletz doctor en Universidad de París, hijo de Raquel Sawels y de Lippa Antokoletz, hijo de Yache Joche Antokoletz y de Iosel Mones Antokoletz Antekoletz, hijo de Rokhlya Antekoletz y de Schlome Antokoletz, hijo de Iosel Antokoletz, carnicero de la ciudad de Vilna.

Bolivia exhibe pretensiones inagotables; misión confiada al Dr. Daniel Antokoletz, asesor jurídico de la cancillería; Canciller Saavedra Lamas papel directriz. En Bolivia, abril de 1934, a pesar de su empeñoso trabajo, Antokoletz no logra que el presidente Salamanca acepte propuestas. Finalmente, tras tres años, en la Conferencia de Paz del Chaco en Buenos Aires el 21 de julio de 1938, se firma el Tratado de Paz, Amistad y Límites entre Bolivia y Paraguay. Canciller Saavedra Lamas, Premio Nobel. Razones: Paz del Chaco y Pacto Antibélico, ideado y redactado por Daniel Antokoletz.

Resumiendo: de algún modo quise pagar una deuda ascendiendo hasta el panteón de Antokoletz, en Cementerio Viejo, sierra del Junquillo, panteón de la familia Antokoletz (1943, Arq. Antonio Bertusi): Daniel Antokoletz, ideólogo de la paz en Guerra de Chaco. Tratadista de Derecho Internacional Público.

Toda la información sobre Antokoletz fue extraída de los 17 Cantos del Junquillo (2021) de Federico Racca.

Se cuenta que Antokoletz rechazó plata potosina de parte de la embajada boliviana. Sugeriría que una cuadrilla de jóvenes bolivianos y paraguayos patrióticos vaya a desmalezar ese camino de cementerio olvidado.

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