Paranaländer presenta el libro “El canon del jazz. Los 250 temas imprescindibles” (Turner, 2013), del crítico e historiador del jazz estadounidense Ted Gioia, y selecciona 5 canciones clásicas de dicho género, recordando sus historias, así como peculiares anécdotas vinculadas a éstas.
Por: Paranaländer
Este mundo no es una conclusión
Una especie se encuentra más allá
Invisible, como música
Pero positivo, como sonido
(ED)
Hemos elegido 5 canciones de “El canon del jazz. Los 250 temas imprescindibles” de Ted Gioia. Con sus anécdotas y grabaciones principales. Pura decisión egoísta sin fundamento alguno.
TED GIOIA (Palo Alto, 21 de octubre de 1957) es un connotado crítico de jazz e historiador musical estadounidense, reconocido por los libros Historia del jazz y Delta Blues.
Bye Bye Blackbird, Compuesta por Ray Henderson, con letra de Mort Dixon
Triunfó por primera vez en las listas en 1926. La letra, con sus lamentos sobre «angustias y penas», parece más propia de la Gran Depresión, o quizá de la Guerra Fría, que de los locos años veinte, y la lastimera melodía, en su mayor parte diatónica, me recuerda más al pop-folk de la década de 1960 que a los garitos clandestinos de la llamada era del jazz. Sin embargo, nada menos que cuatro versiones de «Bye Bye Blackbird» fueron éxitos en ese año de 1926, y la más vendida de todas, la fogosa interpretación de Gene Austin, llegó a lo más alto de las listas. Josephine Baker la grabó en París al año siguiente. ¿Quién iba a imaginar que Joseph Goebbels, el padre de la propaganda nazi, auspiciaría la grabación de una versión alternativa de esta pieza, modificando la letra a fin de que los soldados británicos se desmoralizasen al oír que el «bye bye» del estribillo iba dirigido al Imperio de Su Majestad?: The Yankees are still out of sight/I can’t make out wrong from right./Empire, bye, bye. [Los yanquis no llegan / y ni sé dónde tengo la cabeza. / Adiós, Imperio, adiós]
«Bye Bye Blackbird» resurgió en la década de 1950. La canción apareció en las películas The Eddie Cantor Story, de 1954, y Pete Kelly’s Blues, de 1955, y fue grabada por la actriz y cantante Peggy Lee. Al año siguiente, Miles Davis, registró una versión apasionante de «Bye Bye Blackbird» con el apoyo de una formación reducida en la que militaba, entre otros, John Coltrane. La versión de Albert Ayler es de 1963. La de Coltrane en el vivo en Estocolmo (1962).Para algunos, «blackbird», el «mirlo» del título, representa un esclavo de la época anterior a la guerra de Secesión estadounidense, o bien, según una teoría muy extendida, el cliente de una prostituta explotada. A otros, el hecho de que la canción se asociase desde muy pronto a Eddie Cantor, artista famoso, entre otras cosas, por actuar caracterizado como un negro, bien pudo infundirles la idea de que las frases ocultan una crítica a los minstrels. Un oyente, en cambio, recuerda que su padre insistía en que la canción versaba sobre un casero judío de Nueva York que, harto de lidiar con sus inquilinos negros, vendió sus inmuebles y se mudó a Florida. Un verso separado que apenas se canta hoy en día también alude a un «bluebird», o azulejo, lo que me convence de que, de todas las interpretaciones del título, la más verosímil es la estrictamente ornitológica.
Days of Wine and Roses, Compuesta por Henry Mancini y Johnny Mercer
Una de las versiones más sobrecogedoras que existen de esta pieza se la debemos a Lenny Breau, un guitarrista que pasó gran parte de su efímera y turbulenta vida luchando contra la adicción a las drogas, hasta morir a los cuarenta y tres años de edad.. Su versión de «Days of Wine and Roses», de diez minutos de duración e incluida en el álbum póstumo Cabin Fever, constituye uno de los momentos más inspirados de su carrera y se compadece a la perfección con el espíritu de la canción de Mancini, canción que, quizá no esté de más señalar, se compuso para una película que abordaba con valentía el tema de la adicción y de las vidas destruidas por esta lacra. Bill Evans, en los últimos días de su carrera, antes de morir a los cincuenta y un años como consecuencia del abuso de estupefacientes, también incluía esta pieza en casi todos sus conciertos. Entró dos veces en las listas de grandes éxitos de 1963 merced a las versiones de Henry Mancini y Andy Williams.
My Favorite Things, Compuesta por Richard Rodgers, con letra de Oscar Hammerstein II
Esta canción se hizo enormemente famosa en la década de 1960 gracias a su presencia destacada en The Sound of Music (1959), el exitoso musical de Broadway, así como en la versión cinematográfica de este, Sonrisas y lágrimas (1965), la película que más recaudó en toda la década. Las versiones más irreverentes, como la de Sun Ra, de 1977, donde parece que los músicos no saben si seguir la armonía de Rodgers o el vamp de Coltrane, y terminan por perpetrar un híbrido extraño, prescindiendo del puente pero acoplándose poco a poco en torno a una progresión que, efectivamente, podría tener su origen en cierto musical de Broadway.
Summertime, Compuesta por George Gershwin, con letra de DuBose Heyward
Los expertos han debatido hasta la saciedad sobre cómo catalogar esta canción. Gershwin consideraba que había compuesto una nana. El compositor y estudioso Alec Wilder se negó a analizar «Summertime» en su libro La canción popular estadounidense porque, a su juicio, pertenecía al género operístico. Las dos versiones de jazz más atractivas de esta época se grabaron con grupo pequeño —la de Billie Holiday y la de Sidney Bechet. En consecuencia, cuando terminó la huelga de la Federación Estadounidense de Músicos que había restringido las grabaciones desde 1942 a 1944, el número de versiones de «Summertime» aumentó considerablemente. En 1945, Artie Shaw En las décadas de 1950 y 1960 se grabarían más de cuatrocientas versiones de jazz de «Summertime». Ningún bebé conciliará jamás el sueño con los aullidos y lamentos del saxo de Albert Ayler, que entran y salen sin cesar de la progresión armónica y retuercen las notas hasta arrancarlas del pentagrama.
Yesterdays, Compuesta por Jerome Kern, con letra de Otto Harbach
El compositor Jerome Kern tenía muchas esperanzas puestas en un musical de 1933 basado en la novela Gowns by Roberta, de Alice Duer, una historia de amor donde el idilio cristaliza en una boutique de París. Keith Jarrett, en su versión de trío de 2001, opta por una ejecución reposada. En cambio, David S. Ware y Mathew Shipp, en el tratamiento desazonante que aplicaron a la canción en 1991, sustituyen todas las frases típicas por zumbidos, estridencias y una sensación general de pandemonio.



