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jueves, junio 11, 2026

Asunción en un diario chileno

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Paranaländer descubre la mirada de un visitante accidental sobre la Asunción de 1955, con indios maká, mujeres con cigarro poguasu y cadetes jugando fútbol casi desnudos.

 

Leyendo las 1200 páginas del «Diario. Notas, recuerdos y secuencias de cosas vistas» (2017) del cineasta chileno Raúl Ruiz, derivé a las 600 páginas del  «Diario intimo» (1995)  del ensayista y académico también chileno Luis Oyarzún (1920-1972). Y aquí encontré el párrafo que quiero compartir en esta columna, fechado en

Asunción (Paraguay), 29 de junio 1955.

«Me resulta increíble estar a las 7 de la mañana escribiendo en
camisa, después del desayuno, en pleno invierno paraguayo. La temperatura
es deliciosa en esta época a lo largo de todo el día y la noche.
Viniendo de Chile, en los primeros días este trópico tierno, luminoso y
fresco produce un efecto sedante, de distensión nerviosa y libertad de los
sentidos. Ayer, se le echó a perder un motor al avión sobre la cordillera
y al parecer llegamos hasta aquí rengueando por los aires, sobre los
pantanos del Chaco. Cuando volábamos sobre la región del Paraná, la
puerta trasera estuvo a punto de desprenderse.

En los alrededores del mercado de Petirossi, nos hallamos una pareja de indios churumpés. El vestía ropa de lejano origen norteamericano
y se reconocía por la expresión hierática, fija de sus ojos toscos,
como tallados en madera pesada del trópico. Ella lucía un tatuaje que le
dividía la frente y se desparramaba radialmente, en trozos azul verdoso
bajo la boca. Sergio Larraín le tomó fotografías. Yo les compré una faja
tejida de hilos blancos y azul piedra. No sabían sino unas pocas palabras
castellanas.
Visité dos mercados más bien pobres, sin mucho color, poblados
de gente mestiza. Abundaban las viejas fumadoras de puros. Ningún
olor especial, ni malo ni bueno, la gente se pasea o descansa al Iado de
su comercio, conversando con liviandad y con caras ligeras desprovistas
de profundidad y de tragedia. Se advierte aquí en todas partes un cierto
contentamiento sin mucho brillo ni carácter. El trato es suave, gentil. No
escuché discusiones ni disputas. La vegetación es abundante alrededor
de las casas y aun en las calles empedradas o de tierra roja desnuda. En
el mercado había profusión de hortalizas europeas, pero muy pocos
frutos autóctonos. En un puesto ofrecían frutillas como las de Chile.
Son hermosas las cercanías del puerto, con el abierto paisaje del
río Paraná, la catedral edificada por los jesuitas y el palacio rosa del
Congreso en una explanada verde donde jugaban fútbol, casi desnudos
y descalzos, los cadetes del Colegio Militar».

 

 

Estamos en 1955, Stroessner acaba de asumir como presidente del país el 15 de agosto de 1954. Por lo que podemos deducir del escrito, al cruzar la cordillera el avión en que volaba el diarista tuvo un percance y decidió aterrizar de urgencia en Asunción.

La pareja de indios churumpés entiendo que es una errata de chulupi, indios del chaco de lengua mataco-mataguaya. Aunque son los maká, también de lengua mataguaya, los que suelen vender su artesanía en la capital. No pude encontrar la foto captada por el fotógrafo chileno Larraín. El mercado Pettirossi entonces también albergaba la terminal de ómnibus. Oyarzún confunde el río Paraguay con el Paraná y la Catedral construida en la época de Carlos Antonio López no es jesuita sino de arquitectura neoclásica. Sí el Colegio Militar quedaba ubicado al costado de la actual dirección del Congreso Nacional. Tampoco ya hoy vemos a las kuñakarai fumando cigarros.

 

 

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