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viernes, junio 5, 2026

Paraguay: el país que afuera entusiasma y adentro presenta grandes desafíos

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Hay algo interesante —y bastante lógico— en la diferencia de miradas. Desde afuera, Paraguay se evalúa con indicadores grandes: estabilidad, crecimiento, reglas, previsibilidad. Desde adentro, se lo juzga con la experiencia chica pero decisiva: un turno médico, un aula, una calle, un trámite. No es que “el extranjero idealiza” y “el paraguayo se queja”: es que cada uno está mirando una parte distinta de la misma realidad.

 

Y ahí aparece una idea que conviene ordenar: la crítica interna no es una sentencia de fracaso. Es, más bien, el tipo de exigencia que aparece cuando un país deja de vivir al día y empieza a pedir calidad. Es un desafío propio de una etapa: convertir la estabilidad macro en mejoras visibles y constantes en la vida cotidiana.

La razón por la que Paraguay despierta elogios afuera es concreta. El Banco Central del Paraguay proyectó un crecimiento del PIB de 6% para 2025 y 4,2% para 2026, con inflación convergiendo gradualmente a la meta.   Esa foto, en una región acostumbrada a sobresaltos, pesa. Ordena expectativas, baja incertidumbre y vuelve al país “legible” para inversiones, turismo y radicación.

También hay decisiones que se miden por hechos, no por discursos. La Dirección Nacional de Migraciones reportó cifras récord de solicitudes de residencia en 2025.   Y en turismo, los datos oficiales muestran un salto muy fuerte en el ingreso de visitantes y en el impacto económico asociado.  Cuando aumentan el movimiento, el consumo y la instalación de gente, hay algo que está funcionando como atractivo real.

Ahora bien: que afuera se vea una oportunidad no significa que adentro “todo esté resuelto”. Significa que el país está logrando algo esencial (orden macro y previsibilidad) y, justamente por eso, se vuelve más razonable pedir el siguiente paso: servicios públicos más sólidos, gestión más ágil, respuestas más rápidas

La diferencia, entonces, no se corrige negando los problemas, sino mostrando qué se está haciendo para resolverlos

En ese punto, el Gobierno ya tiene una hoja de ruta visible en el Presupuesto 2026 y en el enfoque de consolidación fiscal. El proyecto del Ministerio de Economía y Finanzas ubicó el plan de gastos en torno a USD 18.900 millones (G. 149,2 billones), con incremento frente a 2025.   Y el Fondo Monetario Internacional remarca que el presupuesto para 2026 contempla cumplir el compromiso de reducir el déficit al 1,5% del PIB, en línea con la Ley de Responsabilidad Fiscal.   Esto importa porque, sin cuentas ordenadas, no hay política social sostenible; hay parches.

En lo social, un caso emblemático es Hambre Cero en las Escuelas. La plataforma oficial explica su financiamiento (FONAE y recursos del Tesoro) y el programa se presenta como política de alcance nacional.   Y en el debate presupuestario del PGN 2026 se mencionan asignaciones y ampliaciones vinculadas a alimentación escolar.   En términos simples: si el país quiere que el crecimiento “se sienta”, tiene que empezar por donde más se siente —en la mesa y en el aula.

En salud, el desafío es serio, pero no está fuera de agenda. El propio Instituto de Previsión Social defendió su presupuesto 2026 destacando aumentos en el fondo de Enfermedad y Maternidad y su destino (consultas, internaciones, cirugías, medicamentos, equipos, salarios médicos, infraestructura).   Es decir: hay una orientación explícita a reforzar capacidad operativa. ¿Alcanza? Probablemente no todavía. Pero es el tipo de movimiento que muestra dirección: dejar de administrar la escasez y pasar a construir oferta.

Y para que todo eso sea financiable, la recaudación y el control también importan. La Dirección Nacional de Ingresos Tributarios reportó más de 21.377 procedimientos de control tributario realizados en 2025, orientados a verificar cumplimiento y promover regularización.   Puede sonar técnico, pero es central: cuando el Estado cobra mejor, puede gastar mejor; y cuando controla, desalienta los atajos que alimentan la sensación de impunidad.

En este marco, la discusión “Paraguay afuera vs. Paraguay adentro” deja de ser un combate de relatos y se vuelve algo más útil: una agenda de traducción. Traducir estabilidad en calidad. Traducir crecimiento en servicios. Traducir confianza internacional en confianza doméstica.

Ese es el desafío de una etapa que, por primera vez en mucho tiempo, tiene un punto de apoyo claro: orden macro, presupuesto con prioridades sociales y reformas acompañadas por compromisos verificables. A partir de ahí, lo que sigue no es negar lo que falta, sino asumirlo como tarea: que el Paraguay que atrae y sorprende a los de afuera sea, cada vez más, el Paraguay que mejora —sin excusas— para los de adentro.

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