En el capítulo VII del título VI del libro «Infortunios del Paraguay», el doctor Teodosio González nos habla del curioso caso de otra «deuda odiosa y dudosa» que el pueblo paraguayo se vio forzado a afrontar por capricho exclusivo del presidente Eligio Ayala.
Por: Juan de Ibarburu
Continuemos exhumando el contenido del clásico libro «Infortunios del Paraguay» del doctor Teodosio González, en el que se revelan los verdaderos colores del caudillo liberal Eligio Ayala, presidente de la República del Paraguay en los años 1923 – 1928.
Recordemos aquí que en la parte anterior, hablamos de que el denominado «gran estadista» Eligio Ayala resolvió, en contra de todos los más sanos principios y consejos de las finanzas públicas e inclusive en contra de los pedidos de los propios hombres de su partido político, pagar unos 6.000.000 de pesos oro de una deuda odiosa y espuria con la banca británica, que consistía principalmente en los préstamos que Paraguay realizó en los años 1871 – 1872 tras la Guerra de la Triple Alianza: unos 1.500.000 pesos oro, de los cuáles el país recibió solamente 400.000 pues el resto fue «cometeado» por los mismos ingleses antes de que llegasen a las arcas del gobierno de Asunción.
La caprichosa decisión del presidente Eligio Ayala enajenó cerca de 4.337.442 pesos oro al país «por encima de la deuda real», que estaría en torno a 1.662.558 pesos oro. Entiéndase: el pueblo paraguayo, en vez de pagar solamente 1.662.558 pesos oro, fue forzado a pagar cerca de 6.000.000 de pesos oro porque «así se le cantó» al doctor Eligio Ayala, perjudicándose al país en una suma de 4.337.442 pesos oro.
Según cálculos sofisticados, los 4.337.442 pesos oro que el presidente Eligio Ayala ordenó que se pagasen «de más» a los tenedores de bonos británicos, equivalen en términos actuales a aproximadamente 600 millones de dólares. ¡Una bagatela, seguramente, para muchos!
En el capítulo VII del título VI del libro «Infortunios del Paraguay», el doctor Teodosio González nos habla del curioso caso de otra «deuda odiosa y dudosa» que el pueblo paraguayo se vio forzado a afrontar por capricho exclusivo del presidente Eligio Ayala.
Nos cuenta el autor que en 1876, el gobierno del presidente Juan Bautista Gill tomó una deuda extraoficial, sin ley ni contabilidad que la ampare, de unos 50.000 pesos oro con el Banco Nacional Argentino.
Esta operación se habría hecho privadamente, según nuestro autor citado. La realizó don Carlos Saguier, ministro paraguayo en Buenos Aires, sin que exista texto ni documento que pruebe o verifique verdaderamente la existencia de esta deuda, ni siquiera que los 50.000 pesos oro sellado hayan llegado al Paraguay. Luego, nos dice el doctor Teodosio González:
«Pasaron como quince años, y según el doctor López Moreira, al cabo de ese tiempo, el gobierno argentino, por intermedio de su ministro en el Paraguay, reclamó el pago de esta deuda fijando su cuantía ya en 68.227.45 pesos oro sellado. El gobierno, entonces de don Juan González, rehusó, según se dice, pagar o reconocer la tal deuda porque no estaba autorizada por ninguna ley, ni emitida en forma, ni fue empleada en pagar los cupones de la deuda inglesa, y además, tratándose de un préstamo bancario en carácter privado, la obligación estaba prescripta con exceso, tanto por las leyes argentinas como por las paraguayas».
Esto es, que en el año 1891, el gobierno colorado de Juan Gualberto González se rehusó en pagar a esa deuda «dudosa» (porque no se sabía en base a qué ley, texto, documento o acuerdo se contrajo), «odiosa» (porque evidentemente, el Banco Nacional Argentino buscaba aprovecharse del Paraguay con ella y sin motivo alguno) y «espuria» (porque a todas luces, esa deuda era ilegal e ilegítima). Sí hacemos un cálculo básico directo, para los años 1923 -1928, esta presunta deuda con el Banco Nacional Argentino ascendería a unos 150.000 pesos oro (considerándose un interés constante, pues se desconoce la tasa de interés de la misma). En términos actuales, ese monto ascendería a unos 19 millones de dólares estadounidenses. ¡Vuelto es chicle, seguramente!
Continúa diciéndonos el doctor Teodosio González:
«Pasaron veintitrés años desde el 5 de agosto de 1903 sin que la deuda de que se trata, que yo sepa, haya sido pagada por el deudor en lo más mínimo o reclamada por el acreedor durante tan largo plazo. Esa deuda estaba pues, requeté prescripta, cuando en la ley de presupuesto n° 845 del 28 de agosto de 1926, apareció mentada por primera vez en su primera cuota de pago, de 11.571,25 pesos oro sellado. En el Congreso, ningún representante se fijó en esta partida, ni hizo a su respecto averiguación alguna, sobre su origen y legitimidad. Y la partida pasó así, entre las deudas del Estado admitidas por el Congreso, en la ley del presupuesto 1926 – 27, n° 845, del 28 de agosto de 1926, por primera vez».
Lo que significa, ni más ni menos, que el gobierno de la República del Paraguay, sin pruebas ni documentación alguna que respalden a la cuestionable operación, aceptó pagar una deuda «dudosa, odiosa y espuria» al Banco Nacional Argentino. En el papel, la misma figuraba por 68.227 pesos oro pero con los intereses, esta ascendería a 150 mil pesos oro sellado.
El doctor Teodosio González no duda en señalar al culpable de este nefasto movimiento bancario:
«Vale decir que el reconocimiento de esta deuda, tan irregular, tan misteriosa, sospechosa y zarandeada, se debe en mi concepto, al gobierno del doctor Eligio Ayala. Sería interesante saber cómo pasó eso».
La respuesta, al menos para este uruguayo que vive hace más de treinta años en el maravilloso Paraguay, es que el presidente Eligio Ayala empezó una nueva «escuela de administración financiera» en los gobiernos paraguayos.
Esta escuela, supuestamente de «grandes luminarias» de la economía, en realidad es solamente de «grandes luminarias en favor de los intereses de la banca usuraria internacional», perjudicando a su propio pueblo. No me extrañaría, para nada, que por haber «reconocido y pagado» a esa «dudosa y espuria deuda con el Banco Nacional Argentino», el presidente Eligio Ayala haya recibido algún tipo de «incentivo», como se dice, «por debajo de la mesa».
¿Por qué puedo suponer esto? Porque es exactamente lo que pasa en la actualidad. Políticos corruptos manejados por la banca y las finanzas internacionales, «a platazo limpio», para beneficio de ellos mismos y para perjuicio de sus pueblos.
¿Le suena parecido a las cosas que pasan actualmente en el Paraguay, con grandes politicastros muy emparentados con poderosos bancos?
En fin… Los infortunios de Eligio Ayala continuarán en la próxima semana…



